Crédito: Agencia Uno
¿Responde uno por lo que hacen sus amigos?

¿Responde uno por lo que hacen sus amigos?

Arturo Vidal volvió a explicar -con emoción en sus palabras- que él viene a Chile con el único afán de divertirse futbolísticamente. Que le están dañando la imagen y que fue al casino para comer solamente, que se volvió temprano porque es un profesional y que los que se quedaron fueron sus amigos.

Si hacemos fe de su discurso, lo único reprochable es escoger un lugar tan lejano para cenar, habiendo tanta cosa cerca. Y nos coloca en la verdadera interrogante de este polémico caso: ¿es uno responsable de lo que hacen sus amigos si ya ha abandonado la fiesta?

Es un tema complejo porque se supone que los amigos de Vidal -que de acuerdo a los testimonios policiales y de testigos eran varios- se deben alegrar genuinamente de la visita del Rey. Lo deben estar esperando cuando llega al aeropuerto y pendientes de todas sus necesidades afectivas cuando llega al país. Juntos van al Club Hípico, le celebran los chistes, lo protegen de los periodistas, curiosos y carroñeros y, al final del día, cuando el King Arthur ya ha echado los bofes en Juan Pinto Durán y sale en su bólido por Macul, le preguntan tímidamente: ¿tiene hambre, compadrito?

Vidal, hombre maduro y sometido a la disciplina de Carlo Ancelotti y el Bayern -incluido el Kaiser- ya debe haber aprendido, suponemos. Piedra angular de esta generación, entenderemos que los retos de Bielsa, las sanciones de Borghi, el desconsuelo de Sampaoli le habrán dejado marcas en indelebles como para saber a qué hora hay que decirles a los amigos que la jarana se acabó. Lo que no sabe Vidal -y seguramente muchos de nosotros- es qué se debe hacer con el grupo en ese momento.

 ¿Los arrastramos con nosotros hasta la salida para enrielarlos a sus respectivos hogares? ¿Los acompañamos hasta el final, entendiendo lo difícil que es decir adiós a las amistades en una farra desatada? ¿O levantamos la voz para dejar en claro -a los compinches y los testigos- de la frontera que estamos trazando: yo me voy, y lo que pase de aquí en adelante ya no corre por cuenta mía? ¿Quién es el valiente que se anima a pedir la cuenta, ya bien entrada la noche, mientras los amigos sólo quieren seguir la joda?

Arturo Vidal fue uno de los puntos altos de la selección chilena en la Copa Confederaciones Agencia Uno

El resto de la historia lo conocemos bien. Habrá respaldo del capitán y del resto de los seleccionados, comprensión de la dirigencia y amparo del entrenador. La masa aficionada les echará la culpa a los periodistas de andar cahuineando, el grupo se cohesiona y se motiva y tras la victoria a Paraguay tapan bocas. Así ha pasado casi siempre, y el epílogo sólo variará el día que pierden feo, que esperamos no sea esta vez.

Lo que verdaderamente importa, para Vidal y para todos nosotros, es saber dónde está el límite. ¿Responde uno por lo que hicieron los amigos cuando los dejamos atrás, sabiendo que te van a apañar siempre?


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