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Sampaoli es rockero. No traga a Shakespeare

Sampaoli es rockero. No traga a Shakespeare

Hay momentos en que el fútbol es la más grande de todas las pasiones. Tan inmenso, que es imposible banalizarlo, aterrizarlo, analizarlo. Pasó hace una semana con la épica remontada del Barcelona y ahora se repite con el Leicester, que eliminó rotundamente al Sevilla de Sampaoli en un drama que tuvo de todo.

Por lo pronto, usted ya lo sabe, el cuadro de los foxes ganó la Premier el año pasado, provocando la mayor sorpresa del siglo en las grandes ligas. Un equipo de baja inversión que resistió todos los embates y humilló a los millonarios equipos de Inglaterra. Todo el mérito se lo llevó Claudio Ranieri, un italiano bonachón que había transitado por posiciones secundarios hasta que encontró, con fórmulas caseras, simples y modestas, la adhesión de sus jugadores, su hinchada y del magnate tailandés de los duty free que había comprado el equipo en la Segunda División.

Jorge Sampaoli, que escribió la mayor épica de la selección chilena en toda su historia, estaba escribiendo su propia leyenda en Sevilla. Revolucionó a un club acostumbrado a ganar (obtuvo tres Europa League consecutivas de la mano del hoy despreciado Unay Emery) y se metió a pelear en la parte alta de la tabla, mano a mano con los gigantes. Adorado en Sevilla después que la selección argentina tratara de arrebatárselos antes siquiera de debutar, apenas fue mencionado como posible sucesor de Luis Enrique en el Barcelona la estantería le comenzó a tambalear.

Ganó por diferencia mínima en Andalucía el partido de ida, sabía que la tarea sería difícil pero también que el futuro estaba en juego en el King Power al medirse con el Leicester, un equipo que tenía su última posibilidad de rendención.

De tumbo en tumbo, de caída en caída, lo que se vivió en la ciudad donde está enterrado Ricardo III es digno de una novela. El millonario Tailandés echó a Ranieri, quien habría sido saboteado por sus propios futbolistas y reemplazado por Craig Shakespeare, su ayudante. Milagrosamente el cuadro recuperó el fútbol y la mística, arrasó con el Liverpool, se afirmó en la tabla y ahora, en un drama de lealtades y traición, de amores y odios, se levantó hasta llegar a cuartos de final ganando con merecimientos este duelo clave donde, para más emociones, vio como los españoles desperdiciaban un penal, como Sampaoli se iba expulsado a las tribunas poniendo cara de inocente tras incontables rabietas y, para más infortunido, cómo la estrella francesa Nasri pisaba el palito de la provocación para irse tempranamente expulsado, luego de una semana de cuidados extremos para que derramara su talento en este duelo clave.

¿Puede haber una mejor historia para una simple llave de Champions League? ¿Es posible inventar una historia futbolera de este calibre? La película de la epopeya del Leicester está en la fase de producción. Se dice que con Robert De Niro en el rol de Ranieri. Ahora habrá que reescribirla. Y, si lo hacen bien, debería ser una obra inmortal de amor al fútbol y a sus secretos. 

No se me ocurre algo mejor.

 


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