Crédito: Agencia Uno
Somos lo que somos

Somos lo que somos

A favor: la mecánica y la presión del equipo, el oficio y el conocimiento que han alcanzado los del bloque defensivo (que les alcanza para suplir las carencias, pero no para desconcentrarse ni un segundo) y el sacrificio colectivo. Alexis Sánchez, por supuesto, y la solvencia de Claudio Bravo.

En contra: la carencia de gol, la ausencia de un volante distinto y desequilibrante en la creación, la falta de altura, la destemplanza de Medel, la baja de Vidal tras la lesión, la soledad de Sánchez en ataque.

El diagnóstico está clarito, matices más o menos. Estamos varios peldaños más abajo que para el Mundial de Brasil, pero tenemos la ventaja de ser locales en Copa América. ¿Podemos ser favoritos? Podríamos, pero habría que poner en la balanza más factores emocionales que futbolísticos, más pasión que razón, más fe que realidades.

Se podrá discutir si Sampaoli no abre las puertas a la renovación porque no quiere o porque no tiene, pero es un hecho que no hay demasiado material para echar mano en este minuto. Entrarán en el análisis los gustos personales por Pizarro, Valdés, Paredes, Matías Fernández y algún otro que, con la mano en el corazón, no serían capaces por si mismos de cambiar la historia.

El casildense aún no cae en la tentación de creer que su sello está por sobre los jugadores, que su estilo prima por sobre la materia, como en algún momento le pasó a Bielsa y, más reciente y modestamente, a Pablo Guede. Esta selección sigue dependiendo muy evidentemente de los rendimientos individuales y la alineación se ha ido adaptando a las carencias y desgastes. El equipo que perdió frente a Brasil en Londres, por ejemplo, no tuvo la audacia de otros partidos de similares características. Ni hablar del partido jugado hace un año atrás contra Alemania.

No llegaremos con favoritos y eso, quizás, sea mejor. Es lo que pretendía el propio entrenador: bajar las expectativas, aterrizar las ilusiones, no dejarse llevar por la efervescencia. Pero ya podemos definir el fenómeno. Esta es una generación especial, acotada, cerrada. Tal como le pasó a Ecuador, Bolivia, Colombia y Paraguay años atrás, que gozaron de un grupo de jugadores hasta el límite, para luego sentarse a esperar a que apareciera la siguiente. Lo lindo es que a este grupo aún le falta por tocar techo.

Es hora de olvidarse de la renovación, esperar con moderado optimismo lo que viene (la Copa, las clasificatorias, la Copa Bicentenario y el Mundial 2018) y rogar a quien corresponda para que, en alguna parte, haya jugadores del tamaño de los que hoy tenemos. Aunque a veces nos parezca que no es suficiente.


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