Crédito: bbc.com
Tápense la boca

Tápense la boca

Esta Copa América es una gran prueba de fe.

Nos cae cuando todo indica que el fútbol es una mierda. Las recientes indagatorias policiales, judiciales y periodísticas derriban todo el entramado directivo en torno a la FIFA y la Conmebol.

El pomposo boato con que se celebran los torneos internacionales ya no sólo parece ridículo, sino ofensivo. Cuando veo a un ciudadano con la insignia en el bolsillo de la chaqueta, tengo que reprimir la sensación de asco y desagrado, porque hay algunos que aún no se han enterado que el imperio se les vino abajo.

Era iluso pretender que la farsa se limitaba a las finanzas o los derechos televisivos. En las últimas horas ha quedado más que claro que la Copa Libertadores se dirigía desde las oficinas de Julio Grondona, con el beneplácito de los árbitros y de cortesanos que servían convenientemente a los deseos de los señores de Luque.

Que la corrupción entre a la cancha es un golpe duro para los últimos campeones, pero sobre todo para la credibilidad del sistema, que ahora considerará que todo lo que se jugó en las últimas décadas estuvo viciado, lo que es injusto, desolador y deprimente.

"Hay muchas razones para desencantarse del fútbol por estos días. Todo parece arreglado, amañado, perdonado y camuflado."

Además, a buena parte de los aficionados el perdonazo a Arturo Vidal les ha provocado tal rechazo que no niegan su desinterés por la suerte de la selección. La reiterada falta de disciplina, los pasos en falso de los ídolos (regalar el premio a una fundación que combate drásticamente el manejo bajo la influencia del alcohol parece ser el último traspié), la titubeante explicación de Sampaoli y la sensación de que todo el entorno futbolero cerró filas con el jugador de la Juventus terminó por cansar a una minoría que se niega a seguir el pragmatismo de la Federación, el técnico y la inmensa mayoría de los jugadores.

Para reiterar mi posición, yo me rendí a la evidencia hace mucho rato. Cuando Acosta y Borghi aplicaron mano dura con los indisciplinados el peso de la noche terminó cayendo sobre ellos, y la masa pidió clamorosamente el retorno de los sancionados. Creo que hay que hacerse a la idea de que esta talentosa generación seguirá dando, cada vez que pueda, demostraciones de su inmadurez y lo único que cabe es prevenir: no dar permisos, si hay que darlos que sean de luz día y que la reclusión en Juan Pinto Durán comience al revés que la de los vampiros, cuando comience a caer la noche.

Hay muchas razones para desencantarse del fútbol por estos días. Todo parece arreglado, amañado, perdonado y camuflado. Hay poco espacio para la transparencia, los entrenamientos son a puertas cerradas y los jugadores para hablar se tapan la boca. Dicen que Neymar le dijo cinco veces seguidas hijo de puta a Osses, que Messi se rie a las espaldas de su técnico y vemos cómo las selfies se han puesto tan de moda que hasta la Mandataria y el Presidente del Senado quieren retratarse con Artuo Vidal, sin que pese juicio moral o condena pública contra el infractor.

Y los que habitualmente ejercían de patrones morales del fútbol chileno (Salah, Pellegrini y compañía) hacen la vista gorda, eluden el juicio porque los códigos así lo indican. Son malos tiempos para el fútbol. Ya no se puede confiar en nadie. Y, en ese escenario, estamos cerca de conseguir lo que nunca antes pudimos. Todo un ejercicio de fe.


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