Crédito: Agencia Uno
Un festejo que provoca amnesia

Un festejo que provoca amnesia

La gente que no entiende el fútbol no podrá entender jamás que el festejo de Johnny Herrera  -un instante fugaz, breve y emotivo- sirva para borrar de un plumazo todo un año de fracasos y malos ratos.

Es así y hay que aceptarlo: ganar una final que Colo Colo te había empatado en el último minuto, a los penales y con Herrera batiendo a Villar es el mejor antídoto, pero no sirve de bálsamo amnésico. O, más bien, no debería.

Martín Lasarte se fue enfatizando que en tres semestres ganó tres títulos, pero –con todo lo caballero y noble que es- el uruguayo no puede pretender que las campañas de los dos torneos de este año fueron catastróficas. Y, lo que es peor, que no pudo acertar con el diseño que le permitiera retomar el estupendo nivel del título del año pasado. Se equivocó en los refuerzos y asumió hace rato que la lesión en la espalda y las rencillas internas lo obligaron a festejar, como gran logro, esta Copa Chile, un torneo menor que partió devaluado y culminó como gran fiesta.

Por eso, en las primeras palabras de festejo, con esa sensación extraña que provocó este triunfo, ni el mismo Herrera pudo reprimir el reproche a la directiva. A Lasarte lo ningunearon, pero él hizo bien poco por forzar la permanencia. Algo similar pasará con Pepe Rojas y la renovación profunda a la que obligaba su paupérrima campaña (está en zona de descenso en el torneo) se maquillará y relativizará, para complicación de Beccacece.

En el fugaz, emotivo y simbólico festejo del arquero azul hay historia. De esa que crece en el tiempo y hace raíces en los afectos. Se festeja como una hazaña, se goza como venganza, pero no puede disimular ni maquillar lo que se torna evidente: este equipo no tiene futuro. Ni jerarquía. Y demandará modificaciones importantes. Es una tentación decir que Colo Colo allanó la tarea, pero la visión del momento albo –preocupante sin duda- deberá esperar un par de días, porque también, como los azules, puede hacer olvidar todas estas amarguras con una pincelada precisa, de esas que fútbol suele regalar. Para demostrarnos lo grande que puede ser el festejo y la levedad con que se olvidará lo pasado.


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