Crédito: A. Uno
Una miegda

Una miegda

“Por lo que le habíamos visto antes, esperábamos mucho más de usted. Era el gran favorito, pero lo que ha hecho es decepcionante, débil, con poco fondo y ninguna imaginación. Lo suyo es, en estas últimas tres semanas, una miegda”, le habría dicho el francés Yann Yvin a Martín Lasarte, y, a través de él, a todo el plantel de la Universidad de Chile si este arranque de campeonato se hubiera evaluado en Masterchef.

La comparación con la campaña de Capitano ya es dolorosa y chocante para un plantel que viene de ser campeón con los números más impactantes de los últimos años. No sólo por rendimiento, sino por juego, propuesta y fortaleza anímica, los vencedores del último torneo tuvieron rivales a la altura y supieron liquidarlos pese a los nervios finales. Por eso mismo, parecía un menú ganador para el 2015.

Nada, sinceramente nada, podía presagiar el mal comienzo que vive la U. Ni la lesión de Canales, ni el desahogo de Lasarte, ni la falta de vacaciones de los más veteranos explica lo que hasta ahora es inexplicable. Por ejemplo, la fragilidad defensiva que se traduce en nueve goles encajados por Johnny Herrera en los últimos tres partidos. O los problemas del mediocampo, donde pese a los cambios todavía no se encuentra la solvencia del torneo anterior.

"Lo suyo es, en estas últimas tres semanas, una miegda. Le habría dicho el francés Yann Yvin a Martín Lasarte"

Mucho menos las vacilaciones del propio estratega, que en su llegada acertó de inmediato con la estrategia, los nombres adecuados para interpretarla y los cambios en su justa medida cuando fue recuperando a los lesionados.

Si algo le faltaba a la U era discernir la fórmula perfecta para cubrir el puesto clave en su estrategia: el armador, plaza que disputaron, sin llenar jamás plenamente el gusto, entre Ramón Fernández y Gustavo Lorenzetti. En lugar de eso la seguidilla de intentos fallidos y de tácticas empleadas confunde al plantel y a la hinchada.

No se le puede restar méritos a los planteamientos de Wanderers, Antofagasta e Iquique, pero se suponía que los azules tendrían la capacidad para reformularse en el éxito para eludir la estrategia de los rivales que bien los conocen. Sobre todo porque la Copa Libertadores exige más rigor, más variantes, más pragmatismo, más presión y más concentración que cualquier campeonato chileno.

"Lasarte deberá seguir probando, con los plazos encima y sintiendo que el plato que nos presentó en este reencuentro es fallido. Sabe mal, huele mal, tiene mala presentación."

No es mucho lo que ha pasado en el club desde que alzaron la Copa. Heller se quedó con el control total, se invirtió generosamente en Maxi Rodríguez –el uruguayo- y en una de las grandes figuras del año pasado, como Leandro Benegas y se lamentó una sola partida, la del Pato Rubio, que era determinante a la hora de convertir y de aprovechar los espacios que generaba Canales. 

Lo verdaderamente lamentable es que faltan apenas dos semanas para el debut en Copa Libertadores y no parece haber un diagnóstico certero. Agotamiento del sistema, bajas individuales, desequilibrios defensivos, desmotivación o falta de concentración es el análisis a simple vista. ¿Se puede corregir con rapidez? Parece complicado, entendiendo que los rivales internacionales de la U habrán leído con avidez las fallas registradas en estos aprontes.

¿Botar el torneo local para abocarse a la Libertadores? Podría ser una apuesta válida si la razón fuera cansancio y las correcciones estuvieran a la vista, lo que en verdad está lejos de acontecer. Lasarte deberá seguir probando, con los plazos encima y sintiendo que el plato que nos presentó en este reencuentro es fallido. Sabe mal, huele mal, tiene mala presentación. ¿Podrá corregirlo con los mismos ingredientes?


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