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21 de mayo ¿Dónde están los liderazgos?
Opinión

21 de mayo ¿Dónde están los liderazgos?

La Presidenta Bachelet realizó su cuenta pública del 21 de mayo frente al Congreso pleno. Se trató de uno de esos discursos que no logran cautivar, pero tampoco indignar. Si el clima político y económico atravesara por un momento de normalidad, hasta se podría llegar a justificar la estrategia presidencial de continuar transitando por el terreno de la ambigüedad, sin dar señales claras y reduciendo su alocución al hecho simple de destacar algunos logros, dentro de los primeros 14 meses de un gobierno donde, tal y como lo refleja el sentir ciudadano materializado en los estudios de opinión pública, prima lo deficitario.

El problema surge cuando adquirimos conciencia de que no atravesamos por una coyuntura política y económica caracterizada por la "normalidad". En lo político, hace menos de dos semanas la Presidenta aplicó cirugía mayor en su diseño ministerial, removiendo nada más ni nada menos que a su Ministro de Hacienda y a su Ministro del Interior; la mejor prueba de que no todo estaba tan bien como tozudamente y fanáticamente -Churchill decía que sólo los fanáticos no están dispuestos a cambiar de opinión- sostenían sus escuderos. Cada una de las reformas impulsadas por el Ejecutivo que ya han sido tramitadas por el Congreso, o bien, se encuentran en tramitación, experimentan niveles de rechazo superiores a los de sus aprobadores.  A lo anterior se suma el impacto al corazón político/programático del gobierno que ha significado el caso Caval y el deterioro en la confianza hacia la Presidenta.

Pero de manera complementaria, la economía atraviesa por una desaceleración que ya no sólo se ratifica por los modestos indicadores económicos y el alza constante de la inflación. El pesimismo económico también se palpita en las calles, es parte de la conversación cotidiana de los ciudadanos de a pie, en el comercio, en las PYMES. No por nada según los datos de la última encuesta CEP un 41% señala que la situación económica es "mala/muy mala", un 62% cree que el país está estancado y un 21% considera que el país está en "decadencia": sí, la mayor cifra desde el año 2000.

Entonces, es en contextos como éstos cuando la comunidad política espera el ejercicio de liderazgo. Sin embargo, la Presidenta se encuentra capturada por la indecisión: que es la antítesis del liderazgo. El ejemplo más ilustrativo de lo anterior es su mención al "proceso constituyente". Una vez más, Bachelet posterga la explicación del mecanismo a partir del cual se encauzará el proceso, cuando sabemos, que al menos en esta materia, el mecanismo puede condicionar de modo determinante el resultado. No es trivial el contraste entre una asamblea constituyente y una comisión bicameral con centro en el Congreso Nacional. Zanjar esa incertidumbre asumiendo que evidentemente se expondrá a críticas de quienes se vean desilusionados por una u otra decisión, dentro del mundo de la Nueva Mayoría, es una pérdida inevitable que todo líder político debiera estar consciente de asumir. De nada sirve, a efectos de recomponer la credibilidad, baterías de medidas pro transparencia en lo administrativo, si la Presidenta es incapaz de transparentar su posición en lo político respecto de un tema tan sensible como el cambio constitucional.

De este modo, allí donde buscábamos certezas, sólo encontramos más incertezas. Un buen discurso de 21 de mayo habría generado un punto de inflexión político, un cambio en los ánimos y un impulso revitalizador para todos los actores políticos, sean éstos de gobierno u oposición. Pero el problema, y quizás la mejor prueba de que fue un mal discurso, es que tras este 21 de mayo todo sigue igual que antes. Seguimos a la espera de un liderazgo que nos saque de esta inercia destructiva. 


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