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Cambio de gabinete: Vencer o convencer
Opinión

Cambio de gabinete: Vencer o convencer

Las ideas que llevaron a un aplastante triunfo de la presidenta Bachelet en diciembre de 2013 hoy no son populares dentro de la sociedad chilena; las ideas de la Nueva Mayoría son hoy una nueva minoría. 

El lector podrá seleccionar la encuesta que más sea de su agrado, ya sea por robustez metodológica o periodiocidad. Pero si se miran con detención los datos tanto de Adimark, la encuesta del CEP -en la que concentraré el análisis- o Cadem, la conclusión será la misma: las reformas de Bachelet no cuentan con respaldo ciudadano y el juicio respecto de su manejo político es aún más drástico. 

En un primer minuto, la estrategia del Ejecutivo fue rechazar aquel diagnóstico evidente. La baja de respaldo a sus reformas obedecía en palabras de personeros de gobierno a una suerte de crisis de expectativas o a falta de entendimiento de los procesos de reforma. Pero hoy los hechos hablan por sí solos, a menos que los chilenos sufran de déficit atencional crónico.

La evaluación de la gestión del Gobierno según los datos del CEP es sólo homologable a la hoja de calificaciones de un alumno indisciplinado y con poca disposición al trabajo bien hecho: una nota 3,3 (en escala de 1 a 7) en la gestión del empleo, un 3,3 en la gestión de la educación, un 3,3 en crecimiento económico, un 3,0 en transporte público, un 3,0 en salud y un 2,4 en transparencia y corrupción, por mencionar algunas. En términos simples, el gobierno reprueba una y cada una de las asignaturas que parecen relevantes para los chilenos. 

En la misma línea, un 65% cree que las reformas han sido improvisadas y un 64% cree que éstas no serán eficaces para alcanzar los objetivos propuestos. Los mismos estudios de opinión dan cuenta de que la gente quiere cambios, pero no saltos al vacío, más evoluciones que revoluciones.

Entonces, al parecer el error de la Nueva Mayoría fue asumir que la lógica del respaldo electoral construido en clave de slogans, es homologable a la de la adhesión gubernamental, construida en clave de política pública. Esto condujo a la soberbia y la obstinación, no por nada, la percepción de que la presidenta está dispuesta a escuchar a la oposición y llegar a acuerdos ha disminuido en 18 puntos porcentuales desde noviembre de 2014 a la fecha.  

La insostenible puesta en escena de negar la falta de respaldo a sus reformas y la visión crítica hacia su conducción cristalizó ayer con la destemplada petición de renuncia de todo el gabinete por parte de la Presidenta.

Gesto inédito, al menos desde el retorno de la democracia, que sólo devela la desesperación de un gobierno y una Presidenta que ya no sólo expone una fragilidad institucional sino también personal: su temblorosa voz en el anuncio de la petición de renuncia de su gabinete es la expresión más nítida de aquello. Todo Presidente busca, directa o indirectamente maximizar popularidad, pero cuando un 62% de los encuestados según el CEP consideran que la presidenta no le da confianza, un 66% la ve lejana y un 60% indica que no tiene liderazgo para enfrentar el escenario de crisis, sólo queda el acto reflejo frente a la pérdida: la congoja. 

Pero no todo puede ser negro en el panorama del Gobierno. Bachelet habló de un "segundo tiempo", pero si la Presidenta espera renovar el vínculo de confianza con la ciudadanía deberá propender a un nuevo estilo de conducción política en su diseño ministerial. El ex presidente Lagos citaba a menudo que en democracia siempre es mejor convencer que vencer.

En este primer periodo de Gobierno la Nueva Mayoría ha vencido: aprobó su reforma tributaria, la primera fase de la reforma educacional, encamina bien la aprobación de su reforma laboral y aprobó también la reforma electoral. Todas las reformas hoy mal evaluadas, en términos simples, venció pero no convenció. ¿Será capaz de convencernos este nuevo Gabinete? Aquello será materia de evaluación posterior. 


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