Crédito: Agencia Uno
Burgos y Valdés defendieron realismo y gradualidad en reformas
Opinión

La tregua

Un espacio de calma entre la tempestad se ha abierto para el Ejecutivo. Las cifras de los últimos estudios de opinión muestran que la tendencia a la baja en las cifras de aprobación presidencial se ha detenido, dando luces de que podría ser posible salir de una fase de descomposición crónica de respaldo ciudadano. El Gobierno ha buscado re-fidelizar a sus bases, afianzar parte de sus compromisos y reordenar a sus huestes en torno al impulso de permanecer en el poder, el "caupolicanazo" es la puesta en escena que responde a dicho guión.

Pero tras el paso de la arenga, la administración de la calma en tiempos donde la tempestad pasa a ser la generalidad o la norma, es un desafío aún más grande que el propio afronte a los escenarios turbulentos o de plena convulsión.  Y será en virtud de la forma en cómo se administre esta "tregua" que se definirá en buena medida el destino político del Gobierno.

Sin embargo, un análisis riguroso, exigiría no obnubilar la mirada gubernamental con un par de tibias cifras al alza: mal que mal, una golondrina no hace verano. La descomprensión del ambiente político, podría ser aparente, o quizás más fugaz de lo que proyectan en La Moneda. Con nudos judiciales próximos a ser desatados, como el del Caso Caval, y eventuales nuevas formalizaciones al núcleo íntimo del entorno presidencial, sumado a una porosa negociación en torno a la gratuidad en la educación superior, en plena convergencia temporal con las expectativas de cientos de miles de alumnos que bajo un velo de ignorancia, no sabrán si al momento de realizar sus postulaciones, éstas recaerán en una universidad que sí cumple, o no, con los requisitos para la gratuidad y el desenlace en torno a la tramitación de la reforma laboral; las circunstancias exigen máxima prudencia en el diseño político a adoptar.

La fragilidad del Gobierno no permite que enfrente este periodo de tregua con un ímpetu reformista homologable al de la primigenia Nueva Mayoría. Y es que una vez que las reformas del gobierno devinieron en slogans, siendo diluidas por sus propias imposibilidades, de persistir en éstas, las contradicciones del proceso reformista volverán a aparecer y las cifras de respaldo ciudadano volverán a amainar. Que la política de gratuidad en la educación superior se incorporara en una glosa, en modalidad de "letra chica", a la ley de presupuesto de 2016, con críticas desde las propias filas oficialistas, los estudiantes y también la oposición, desnuda esta complejidad y el sin sentido de la forma.   

Frente a este panorama, mientras los exégetas del programa intentarán profundizar las dirección del timón reformista como respuesta a las señales de viento a favor, más aún, ad portas de un ciclo electoral municipal, serán Burgos y Valdés quienes nuevamente deberán delimitar la línea de contención.

Entre tanto, y aunque completamente tangencial a la cuestión de fondo, la ratificación o no del candidato a contralor propuesto por la Moneda será un episodio decisivo en el carácter que adquiera esta tregua. Si el Ministro Burgos logra imponer su nombre, saldrá fortalecido, ganará en peso específico y podrá enfrentar las arremetidas del maximalismo con mayor determinación. De lo contrario, se articulará un escenario donde la tregua, para un sector de la izquierda, no es más que el espacio vital de paz, de cara a una próxima batalla.

 


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