Crédito: Presidencia
Nueva Mayoría: El comienzo del fin
Opinión

Nueva Mayoría: El comienzo del fin

El destino político de la Nueva Mayoría estaba escrito, y estaba escrito en su propio programa. La narrativa de éste fue la sintaxis de una masa inorgánica que entronizó la tesis del malestar, hábilmente orquestada por grupos de presión y políticos dóciles.

Los primeros colmaron la opinión pública de frases hechas y eslogans, dando pie a la empresa de la construcción hegemónica de un "nuevo sentido común reformista", donde la consigna no era otra que transformar lo que es bueno para pocos -La Confech, el Cruch, la CUT, etcétera- en lo que ilusoriamente sería bueno para muchos.

Los segundos, entregados a la efervescencia social, no lograron discriminar que así como había ciudadanos críticos y revisionistas, con disposición a la confrontación en el terreno ideológico, había también una masa silenciosa de chilenos -probablemente mayoritaria- que no homologaba el consumo al abuso, la usura con el lucro ni superponía a la estructuración de consensos, la tensión y la ruptura.

Los más avezados hablaron de un cambio cultural, pero estaban equivocados. Las hegemonías culturales son esencialmente dinámicas, volubles y admiten tensiones y zonas grises: no cambian para siempre.

El frontón de rechazo ciudadano a las reformas del Gobierno está erigido sobre los valores y orientaciones de los chilenos proclives a un esquema de sociedad libre. Es cierto que estos valores se pudieron ver opacados en su momento por los destellos de luces de las marchas y las coloridas convocatorias masivas, pero una vez desaparecidas éstas, los valores de la libertad individual, el mérito, el progreso y el orden, vuelven a emerger.

Las consecuencias de la implementación del programa han sido severas, en particular para dos áreas cruciales de toda organización social: economía y seguridad. Pero paradójicamente la ciudadanía tiende a valorar más este tipo de cuestiones sólo cuando perciben su pérdida. En este contexto, no es trivial que el Gobierno forzadamente haya reorientado sus prioridades en torno a estos dos ejes. Pero esa reorientación, supone un abandono, el abandono de la narrativa maximalista original del programa, que dicho sea de paso, ya ni siquiera se puede financiar "no contaremos con los recursos previstos para llevar adelante nuestro programa", señaló la Presidenta.

Pero el abandono del maximalismo dejará muchos heridos. Los nostálgicos de la retroexcavadora no dudarán en reorganizarse y en intentar dar su última estocada, probablemente en el debate constitucional.

Por otro lado, el cada vez más numeroso grupo de gradualistas tenderá a disociarse poco a poco del Gobierno y sus paupérrimos resultados a medida que se avizoren las próximas elecciones municipales. Ese podría ser el punto de inflexión de  una probable escisión entre las dos almas del oficialismo. Mal que mal, la única posibilidad de mancomunarlas, era la figura presidencial, hoy sin solvencia para aglutinar y liderar a los propios.

Entonces -y parafraseando una reconocida frase de Marx- es el programa de Gobierno de la Nueva Mayoría -y no el capitalismo- el que finalmente contiene la semilla de su propia destrucción. 


Lo más visto en T13