Proceso Constituyente: la casa de pocos
Opinión

Proceso Constituyente: la casa de pocos

Con cadena nacional, spots televisivos y el anuncio de un docurreality se ha dado inicio al pirotécnico y no exento de polémica, proceso constituyente. El objetivo del mismo es sentar las bases ciudadanas para una nueva constitución que sea la "casa de todos", por ende, el éxito o fracaso del mismo, dependerá del nivel de participación o incidencia de los chilenos comunes y corrientes.

¿Se transformarán las regiones del territorio nacional en una suerte de acrópolis del siglo XXI, donde los hombres libres destinarán su valioso tiempo a deliberar en parques y plazas, a través de grupos "auto convocados", respecto de temas como la naturaleza de sus instituciones políticas, el modelo de desarrollo y el catálogo de deberes y derechos que reconfigurarán el orden social? El realismo invita a ser escépticos.

La romántica visión del Ejecutivo -si acaso uno es bien intencionado- respecto de las virtudes del buen ciudadano, no da cuenta de la distinción que el filósofo francés Benjamin Constant desarrolló entre los contextos en que se despliega la ciudadanía de los hombres antiguos versus la de los ciudadanos modernos.

En la praxis política de la antigüedad, la libertad se circunscribía a comunidades pequeñas, con economías acotadas y en donde la producción se delegaba a los hombres "no libres". En consecuencia, los ciudadanos libres de la polis, o de la república romana, se caracterizaban por una intensa dedicación a los asuntos públicos, dedicando una porción relevante de sus vidas a la deliberación política o al ejercicio de la retórica, entre otras. El asambleísmo jacobino, en el análisis de Constant, se inspiró en aquella vetusta visión, negando las características inherentes al proceso de modernización.

La realidad mostró que la ciudadanía moderna, se emplaza en su mayoría en grandes urbes, pasando a ser los propios hombres libres, quienes a partir del desarrollo de una ética y una división del trabajo se forjan su propio destino, incorporándose a la función productiva de manera plena, en el marco de un orden institucional que opera bajo la lógica de la representación indirecta.

De ahí en parte, el salto cualitativo entre las democracia directa y la democracia representativa. Si la deliberación colectiva hubiera seguido operando bajo los cánones antiguos, ésta sería cada vez menos representativa de la sociedades que dice representar, porque los hombres libres de hoy conocen y valoran la dimensión privada de la libertad. Aquella que no se da en las ágoras o en las asambleas, pero sí en la familia, en las sociedades intermedias o en cualquier espacio de debida independencia respecto de los asuntos gubernamentales.

La anhelada constitución como una "casa de todos", producto de un amplio diálogo ciudadano es una bonita declaración de intensiones, pero con escaso asidero en la práctica. Los "hombres libres de antaño" a la usanza de Constant que participarán en una y cada una de las cuatro etapas del proceso constituyente anunciado por la presidenta, serán los que tienen mayor intensidad de preferencias políticas, los que poseen más recursos de movilización electoral, quienes son capaces de reducir la complejidad de los asuntos públicos a un articulado decálogo de consignas, quienes han cultivado el arte de la retórica desde temprana edad en variados espacios de socialización política, los que hablan más fuerte, y quienes dentro de su horizonte de expectativas, nos hacen recordar la expresión de Max Weber al pretenden vivir de, o vivir para la actividad política. ¿Son acaso ellos representativos de la ciudadanía corriente?

Entonces, la habilidad del gobierno y de quienes capturarán los espacios de participación en este proceso constituyente estará en ofrecernos una ilusión. Terminarán transformando una casa de pocos, en una casa de todos


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