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Renuncien ya
Opinión

Renuncien ya

Guardando las proporciones, el caso Penta es lo más parecido a Watergate que hemos vivido desde el retorno de la democracia. Ambos casos tratan sobre comportamientos políticos pestilentes y tóxicos con el objetivo de apuntalar a un partido político durante las elecciones.

Ambos casos se fueron conociendo como una larga novela por entrega en los medios periodísticos, algunos de ellos con acceso privilegiado a fuentes de información clave. Ambos casos han tenido un impacto significativo en la confianza ciudadana en las instituciones políticas. Ambos están vinculados a reformas legales para intentar evitar situaciones similares.

Pero hay una diferencia fundamental entre Pentagate y Watergate. En EE.UU., las revelaciones periodísticas de los intrépidos periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, así como el caso judicial que les siguió, terminaron  en una serie de connotadas renuncias, incluyendo la del propio presidente estadounidense Richard Nixon.

"La culpa legal la determina la justicia; la culpa política la determinamos nosotros, los ciudadanos. Y ninguno de ellos es digno de ser nuestro representante ni, mucho menos, mandatario."

En Chile, en cambio, todavía ninguna figura política involucrada, esto es, ningún parlamentario, ministro, dirigente de partido o movimiento político, ha renunciado a su cargo o a su actividad política.

Si Ena von Baer, Iván Moreira, Ernesto Silva, Andrés Velasco y Alberto Undurraga—por nombrar los casos más urgentes—siguen arrellanados en sus cargos y posiciones públicas es solo por orgullo propio, por pensar que renunciar es reconocer culpa, por creer que la opinión pública los absolverá.

Pues bien, aquí va una noticia para ellos: la culpa legal la determina la justicia; la culpa política la determinamos nosotros, los ciudadanos. Y ninguno de ellos es digno de ser nuestro representante ni, mucho menos, mandatario.

No se trata de esperar que la justicia haga su trabajo. Lo está haciendo y, seguramente, terminará con fallos que determinarán las responsabilidades legales de los involucrados. Pero aún si son declarados inocentes, deben dejar sus puestos ya. De ese modo, neutralizan—aunque tarde y sólo en parte—el  tremendo daño que le están haciendo a sus partidos políticos, al Congreso, al gobierno y a las instituciones políticas de Chile.

"Pero no se puede permanecer impávido ante el descaro de representantes y dirigentes que hacen noticia más por sus líos judiciales y errores que por sus propuestas, ejecución de programas y proyectos de ley."

“Que se vayan todos” fue la famosa frase de las protestas ciudadanas que arreciaron en Argentina en ese fatídico año 2001, que terminó con cinco presidentes en una semana. Nosotros no vamos—ni queremos llegar—a ese extremo. Pero no se puede permanecer impávido ante el descaro de representantes y dirigentes que hacen noticia más por sus líos judiciales y errores (o delitos, elija usted qué creer) que por sus propuestas, ejecución de programas y proyectos de ley. 

Vaya aquí un pedido para los señores políticos del caso Penta: no sigan justificando lo injustificable, no sigan cambiando sus versiones de lo que fue y no fue.

Paren de buscar empates políticos y de intentar distraer a la opinión pública. No nos merecemos este espectáculo patético de explicar lo inexplicable. La legitimidad política, la confianza ciudadana, el respeto por las instituciones, en fin, la calidad de la democracia, dependen del comportamiento ético de sus dirigentes políticos. Así es que por el bien de Chile y de sus instituciones, renuncien. Den un paso al costado. Ya no queda otro camino.


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