PSU y el futuro profesional

PSU y el futuro profesional

Un reporte de la Universidad de Oxford anunciaba en 2016 que, en los próximos 20 años, el 47% de los trabajos que hoy desarrollan las personas, serían automatizados o desarrollados por robots. Los primeros ámbitos laborales en verse amenazados por esta tendencia serían los trabajos de administración general, ventas de bienes y servicios, periodistas autores y creadores, contabilidad y el área de la salud.

Una revisión de esta situación del Mckinsey Global Institute de 2017 propuso apenas un matiz: “De acuerdo a nuestro análisis de más de 2.000 actividades laborales en 800 ocupaciones, menos del 5% de todas las ocupaciones pueden ser automatizadas completamente por tecnologías disponibles, pero cerca del 60% de todas las ocupaciones tienen al menos el 30% de sus actividades constitutivas que podrían ser automatizadas. Son más las ocupaciones que cambiarán significativamente que las que serán completamente automatizadas.” 

El desarrollo tecnológico, la inteligencia artificial, las analíticas y el big data, la robótica y la nanotecnología, están avanzando a velocidades sorprendentes, desafiando las formas en que podemos imaginar el futuro de los mercados de trabajo, y con ello, de toda la sociedad. En un mundo donde probablemente habrá menos empleo, y el que halla, será más sofisticado, también deberemos preguntarnos por las formas en que se mantendrá a la población inactiva, a los adultos mayores (que por otro lado, vivirán más tiempo), el uso que haremos del tiempo disponible, el impacto que eso tendrá en las formas de desarrollo de las ciudades, etc.

Esta reflexión es especialmente relevante para los padres que tienen hijos en el sistema escolar y para quienes en estos días han rendido la PSU, pensando tal vez que, como en el pasado, esta prueba es una puerta de entrada a una carrera que les llevará a un desempeño profesional relativamente predecible y estable en el futuro. Y no será así.

Con toda seguridad, no sólo habrá menos puestos de trabajo “tradicional” en el futuro, sino que probablemente requerirá menos tiempo. Pero sobre todo, requerirá una actitud de continuo aprendizaje y reeducación, un sistema ordenado a la formación de capacidades y competencias variables, y una cultura permanente de cambio, flexibilidad y adaptación.

Mucho más que conocimientos fijos, ordenados en currículos rígidos, lo que se requerirá de las instituciones de educación superior (y escolar), es de sistemas adaptativos, que permitan el desarrollo permanente de itinerarios formativos diferenciados y flexibles.

¿Cuántas instituciones de educación superior en el mundo están ya transitando en este nuevo contexto? Algunas. ¿Y en Chile? ¿Cuánto de esas competencias y actitudes puede y debe ser medido en una prueba de admisión universitaria? ¿Cuánto de estos desafíos no será mejor representado por el desarrollo de la educación técnico profesional? Y por último ¿Cuánto hemos preparado a los estudiantes para comprender que la PSU ya no es un portal que define irremediablemente su futuro, sino un hito más, entre muchos otros, que les permitirá ir construyendo su desarrollo profesional?

Mi hijo dará la PSU el próximo año, y mi hija en pocos años más. Espero que se preparen bien y obtengan un buen resultado. Pero, desde ya, espero que tengan claro que el siglo XXI les demandará aprender y crecer continuamente, y que sus posibilidades de aportar constructivamente a la sociedad, dependerán especialmente, de su capacidad para estar siempre abiertos a aprender y reinventarse. Y lo que hoy debiéramos hacer nosotros, es trabajar para que el sistema educativo los prepare para esa realidad, que no está nada lejos, sino a la vuelta de la esquina.


Lo más visto en T13