Por qué nunca ha habido segunda vuelta en Argentina
Opinión

Por qué nunca ha habido segunda vuelta en Argentina

El balotaje o sistema de elección mediante dos vueltas fue originado en Francia con el objetivo de dar fortaleza política a los gobiernos al permitirles alcanzar en la segunda vuelta el 50% de los votos. Esta es la clave del balotaje.

En Argentina, el sistema fue introducido por primera vez en la reforma constitucional por enmienda que realizó el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse a comienzos de los años setenta. Su intencionalidad era política: en las elecciones realizadas durante las presidencias de Frondizi e Illia, el peronismo había mostrado ser la primera fuerza electoral pero no la mayoría. Así, como el no-peronismo se presentaba dividido en distintas fuerzas, se pensó que en la segunda vuelta tendría la posibilidad de unirse para impedir el triunfo del peronismo.

Pero, como suele decirse, la ingeniería electoral usualmente se come al ingeniero. El sistema estuvo vigente por primera vez en las elecciones presidenciales de 1973, donde el candidato del frente articulado por el Peronismo obtuvo 49% de los votos frente al 24% del Radicalismo. El candidato radical, que era Ricardo Balbín, renunció a competir, dado que en la segunda vuelta el peronismo y sus aliados terminarían sacando más del 60%, por lo cual fue electo en primera vuelta Héctor J. Cámpora.

El mismo sistema rigió en la elección presidencial que se realizó siete meses después, en la cual Juan Domingo Perón fue electo en primera vuelta con 63% de los votos. El gobierno de facto de Reynaldo Bignone, al convocar a elecciones en 1983, derogó dicha reforma y reestableció la Constitución Nacional de 1853, con lo cual retornó al sistema indirecto del Colegio Electoral con el cual fueron elegidos Raúl Alfonsín en 1983 y Carlos Menem en 1989.

La reforma constitucional de 1994, sancionada en el contexto del Pacto de Olivos que fue acordado por ambos líderes, estableció el voto directo y el sistema de segunda vuelta para elegir al Presidente. Pero no se adoptó el sistema clásico francés por el cual se requiere 50% en la primera vuelta (sistema que en la región han adoptado Brasil, Colombia, Chile, Uruguay, Guatemala y otros países); se adoptó un balotaje "atenuado" que, con variantes, han adoptado en la región Nicaragua y Ecuador, entre otros. De acuerdo a este sistema, si el primero alcanza 45% ya gana en primera vuelta; si obtiene más del 40% también lo hace, siempre y cuando mantenga 10 o más puntos de ventaja sobre el segundo.

Raúl Alfonsín pensó que este sistema favorecería al radicalismo, al terminar con la sobre-representación de los distritos más chicos donde por lo general ganaba el peronismo; Alfonsín creía, además, que este balotaje atenuado consolidaría el bipartidismo, lo que finalmente no sucedió.  

Este sistema rigió en las últimas cinco elecciones presidenciales: las que ganaron Carlos Menem -en su reelección-, Fernando De la Rúa, Néstor  Kirchner y Cristina Kirchner en 2007 y en su reelección en 2011. En todos los casos el ganador se impuso en primera vuelta, con la excepción de Néstor Kirchner en 2003, cuando se dio un caso singular, ya que Carlos Menem, aunque había salido primero en la primera vuelta, renunció a competir ante la certeza de que sería derrotado en la segunda.

Sobre más de medio centenar de balotajes que han tenido lugar en América Latina en las últimas décadas, en la gran mayoría ganó quien resultó victorioso en la primera; en pocos casos ganó quien quedó segundo, como sucedió el año pasado en Colombia. Pero el único caso en que el primero renunció a competir se dio en Argentina en 2003.

Si el resultado del 25 de octubre permite la segunda vuelta del 22 de noviembre y ésta se lleva adelante, será la primera vez que el sistema se aplique en una elección presidencial en Argentina, tras siete veces en que estuvo vigente pero no llegó a utilizarse.

*Esta columna aparece en el Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. 


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