Apúntenle a José Antonio Kast
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Opinión
Juan Manuel Vial Juan Manuel Vial
Periodista

Apúntenle a José Antonio Kast

Para ilustrar con precisión la alarmante descomposición que afecta al otrora glorioso Partido Republicano de Lincoln basta con fijarnos en dos elecciones: el año 1981, los republicanos eligieron a Ronald Reagan presidente de Estados Unidos. Hasta el día de hoy, la figura de Reagan inspira respeto y admiración entre los estadounidenses, y no sólo entre los republicanos, sino también entre sus enemigos ideológicos, como ciertamente lo son Hillary Clinton y Barack Obama. En 2016, sin embargo, los republicanos votaron por Donald Trump. ¿Qué ocurrió entonces para que el partido de Reagan abjurase de un conjunto de principios históricos encomiables y apoyase a alguien como Trump? Lo que sucedió fue que en los últimos 30 años –Reagan gobernó hasta 1989–, los republicanos permitieron que individuos como José Antonio Kast cobraran importancia dentro de la colectividad, ello hasta que los exaltados se transformaron en ingobernables. Las razones para que algo así aconteciese fueron muy diversas, pero por supuesto que el cálculo mezquino e irresponsable jugó un rol crucial.

"¿Qué ha hecho desde entonces el candidato Kast? Aplicar al dedillo una táctica que los republicanos exaltados, los del Tea Party, llevaron a cabo con éxito desde el comienzo del gobierno de Obama: sobajear, seducir y legitimar a un electorado extremo"

Contrario a lo que más de alguien piense, la intromisión de Kast en este baile no es en ningún caso antojadiza o arbitraria. Recordemos que, en buena medida, la UDI le debe el gran logro de haberse convertido en el partido más grande de Chile a una serie de estrategias electorales aprendidas directamente de los republicanos. Kast, hasta hace poco más de un año, militaba en la UDI. Pero, claro, se cansó de la tiranía que los coroneles ejercían en la constitución de la directiva, renunció por ello al gremialismo y de pasadita se lanzó a la carrera presidencial. ¿Y qué ha hecho desde entonces el candidato Kast? Aplicar al dedillo una táctica que los republicanos exaltados, los del Tea Party, llevaron a cabo con éxito desde el comienzo del gobierno de Obama: sobajear, seducir y legitimar a un electorado extremo, de modo imprudente, alocado, sin reparar en consideraciones a futuro ni en aquello que se entiende por buen juicio.

José Antonio Kast no es un candidato atractivo: su oratoria me parece básica, sus ideas son predecibles, anquilosadas, poco audaces, y su figura no estimula al inconsciente colectivo de la mayoría del país. Todo esto él lo sabe. Y por ello es que apela a recursos radicales, desentendiéndose del daño que sus actos le van a causar al sector político que en rigor lo representa. Kast ha reflotado un ideario pinochetista que si bien existe, y es legítimo que exista, le ocasiona un tremendo perjuicio a esa derecha democrática que lleva tantos años tratando de sacudirse las esquirlas de pinochetismo que todavía se enredan bajo su pelaje.

"Aunque Kast sea majadero en asegurarnos que pasará a segunda vuelta, todos sabemos que aquello no ocurrirá"

Aunque Kast sea majadero en asegurarnos que pasará a segunda vuelta, todos sabemos que aquello no ocurrirá. Pero al forzar el debate hacia un extremo, Kast ejerce presión sobre el piñerismo, grados de presión que no han sido lo suficientemente contenidos ni mucho menos congelados. Este querubín iluminado con impulsos de rajadiablos, un hombre que reza harto, es cierto, pero que también está ansioso por volarle la tapa de los sesos al primer delincuente que ose cruzar el umbral de su casa, no corresponde al perfil de un candidato empecinado en saludar a la bandera para figurar en los libros de historia.

Al no haberse presentado a la autoinmolación de las primarias, como sí lo hizo Ossandón, Kast demostró ser un tipo bastante más peligroso de lo que muchos en el piñerismo llegaron en su momento a prever. E intuyo que la candidez persiste, puesto que, hasta ahora, no he visto ningún esfuerzo dentro del piñerismo para desembarazarse de Kast ni de lo que él representa. La descomposición del Parido Republicano es demasiado evidente como para fingir no olerla. Ya vendría siendo hora de comenzar a apuntarle a Kast y olvidarse de los cálculos mezquinos e irresponsables. El arrojo sólo debiera reportarles honor, orgullo y votos a quienes hoy por hoy construyen una derecha democrática.