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Bachelet y el velo de la ignorancia
Opinión

Bachelet y el velo de la ignorancia

A diferencia de lo que han planteado la gran mayoría de analistas de la plaza, sostengo que el cónclave de la Nueva Mayoría sí vino a despejar más dudas de las que dejó. En el esperado acto, la Presidenta renunció a la posibilidad cierta de renunciar a su programa, conjunto de reformas y medidas de política pública que no ha resultado inocuo para la ciudadanía y que en una diagnosis precipitada asumió que lo que era satisfactorio para algunos pocos grupos de presión, era lo anhelado por el conjunto de la población.

Y es que la gestión gubernamental como resultado de la implementación del programa ha ido produciendo niveles de rechazo que alcanzan un punto máximo en las trayectorias de aprobación presidencial, hablamos del 70% de rechazo en la última encuesta Adimark, a lo que se agrega un fenómeno de incertidumbre y escepticismo ciudadano respecto del presente y del futuro, del cual no se tenía antecedentes. Éstas no parecen cifras aisladas ni triviales, más aún tratándose de un estilo de liderazgo presidencial que no encuentra su sostén de legitimidad ni en los partidos, ni en la eficiencia de su acción, sino que más bien en su capacidad de empatía con la ciudadanía.

Todas las señales indican que la Presidenta ha optado por un modo de conducción ciego, donde a la usanza rawlsiana se presume un velo de la ignorancia respecto de lo que fuimos y lo que somos en aras de avanzar hacia la consecución de un objetivo político. En relación a lo que fuimos, en la lógica de la Nueva Mayoría se desconoce y reniega el actuar responsable, mesurado, incremental y gradualista de la antigua Concertación, y respecto de lo que somos, se omite en la evaluación gubernamental la contundente desaprobación y escepticismo hacia sus reformas y las restricciones que impone un contexto económico cada vez más preocupante.

Inclusive, la mayoritaria facción programática -como antítesis de la pragmática- ha planteado la extravagante hipótesis de que la ciudadanía se opone a las reformas porque quiere más reformas. La pregunta es cómo conversa esa hipótesis con un aumento en los niveles de desaprobación post cónclave, donde como se señaló anteriormente, hubo una ratificación de las reformas. Si aquella tesis tuviera asidero no se justifica que un 60% de los encuestados considere que el Gobierno va en la dirección equivocada y un 49% mencione que las reformas deben ser modificadas o cambiadas de rumbo, según la encuesta Cadem.

Sin embargo, hay actores dentro del mundo de la izquierda dispuestos a levantar los velos, enfrentar la cruda realidad, y llenar el vacío de poder instalado en La Moneda. Ricardo Lagos hizo aparición en escena y literalmente colocó en los pasillos de palacio el concepto de que en política el pasado no es pisado. Paradójicamente, los más reactivos a la aparición de Lagos han sido los obcecados de siempre, quienes consideran que es "de justicia" cerrar los ojos y avanzar en la consecución del programa por más que se les advierta que aquel derrotero sólo conduce al precipicio. 


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