¿Señales de cambio en Argentina?
Opinión

¿Señales de cambio en Argentina?

No sólo el Chavismo en Venezuela viene gobernando desde 1998 y en Chile la Concertación (y Nueva Mayoría) ha gobernado cinco de los últimos seis mandatos, sino que el año pasado, el triunfo del PT en Brasil le dio un ciclo de 16 años continuos en el poder, más allá de las dudas que ahora recaen sobre Dilma Rousseff; en Colombia la centroderecha, con la reelección de Juan Manuel Santos, también tiene un ciclo de la misma duración pese a sus diferentes internas; en Uruguay el Frente Amplio obtuvo un tercer mandato consecutivo con el que proyecta un ciclo de 15 años; y en Bolivia pasó otro tanto con la reelección de Evo, quien obtuvo con ella otro ciclo de 15 años, que ahora quiere ampliar a veinte. 

Si el 22 de noviembre gana el oficialismo en Argentina, sería la confirmación de esta generalizada tendencia a la continuidad política en la región. Pero si gana la oposición, ello, junto con la posible derrota del chavismo en la elección legislativa del 6 de diciembre y la crisis política del oficialismo en Brasil, puede significar un punto de inflexión hacia el cambio político en América del Sur. 

En términos de historia política contemporánea, la elección posiblemente ha sido el tercer cambio que se genera en lo electoral en las últimas décadas: sobre el final del gobierno militar, la victoria de Alfonsín en 1983, que incluyó también la derrota del peronismo en la provincia de Buenos Aires, fue una clara manifestación de cambio; en 1997, la victoria de Graciela Fernández Meijide en este distrito fue el inicio de un proceso de cambio al finalizar el menemismo, que derivó en el triunfo de la Alianza; ahora, la "ola bonaerense" que protagonizó la opositora María Eugenia Vidal e la provincia más grande del país puede anticipar la victoria del también opositor Mauricio Macri en la segunda vuelta del 22 de noviembre. En los tres casos este distrito jugó un rol decisivo en el inicio de los procesos de cambio político. 

Pero en materia electoral nunca está todo dicho y la noche del domingo 25 de octubre ha sido una evidencia más de ello. Daniel Scioli, el candidato del oficialista Frente para la Victoria, se impuso en la primera vuelta por algo más de dos puntos, la misma diferencia con la cual lo hizo Carlos Menem en 2003. En aquel entonces el ex presidente tuvo una actitud única en los 37 procesos de balotaje que se han realizado en América del Sur en el último cuarto de siglo, al ser el único que renunció a competir pese a ser primero. 

Pero si bien ello difícilmente ocurra ahora, es válida la analogía de cómo una victoria puede tener efecto de derrota, como ha sucedido ahora. Es que los cambios en política tienen lugar cuando se produce lo improbable, como ha sucedido ahora; cuando sucede lo probable no suele haber cambios.

Mientras tanto cabe observar los efectos del impacto electoral sobre el poder:¿En la primera semana de diciembre la actual oposición, que entonces será eventualmente gobierno electo, será capaz de generar una coalición para controlar la Cámara de Diputados dado que el oficialismo de hoy seguirá controlando el Senado?  


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