Crédito: Agencia Uno
Desde la siempre difícil Lima
Opinión

Desde la siempre difícil Lima

Martes 13 de octubre. Hay un sol tímido en las calles de Lima y la ciudad se mueve con el apuro de siempre. Todas las conversaciones, sin embargo, han sido secuestradas por un solo tema. Esta noche Perú juega contra Chile en el Estadio Nacional y hay gran expectativa por el único partido de la eliminatoria que –según dice la calle– no se puede perder. Los tabloides de mayor distribución nacional hacen eco de este asunto de interés nacional y proclaman la “guerra” en sus portadas. Los quioscos gritan “¡VAMOS PERÚ!”, “ROMPAN A CHILE EN MARTES 13”.

Hay motivos suficientes para dicha expectativa: en primer lugar, los partidos contra Chile siempre tienen un sabor especial para el aficionado peruano, pues se trata del rival con el que nos une –y al mismo tiempo separa– una larga historia de rivalidad futbolística. El partido que perdimos en Santiago por la semifinal de la Copa América está fresco en la memoria, pero muy pocos olvidan también el humillante 0-4 de 1997, la vez en que Perú estuvo más cerca de llegar a un mundial en las últimas tres décadas. Otros, los que ya andan por encima de los cuarenta, no pueden olvidar al Presidente de la República cantando el himno nacional en la cancha, luego de eliminar al archirrival de camiseta roja del mundial Argentina 78.

En segundo lugar,  la selección peruana que dirige Ricardo Gareca ha demostrado virtudes en el campo de juego que hace tiempo no se veían. A pesar de que perdimos el partido inaugural contra Colombia en Barranquilla, esta vez el rival terminó pidiendo la hora, acorralado en su propia área y dominado por un Perú que jugó todo el segundo tiempo sin complejos. Es el mismo equipo que sorprendió al ocupar el tercer lugar en la última Copa América insinuando una idea de juego colectivo rápido y efectivo, con individualidades significativas como la del goleador Paolo Guerrero o la reciente consolidación de los volantes Cristian Cueva y André Carrillo. 

Finalmente, y a pesar de que esta noche Chile llega a Lima como el campeón de América y quizá el mejor equipo de su historia, hay una sensación de optimismo en la calle que se sustenta en el hecho que la última vez que Chile nos ganó en la cancha del Estadio Nacional de Lima fue hace treinta años.  “La siempre difícil Lima” se oye desde la frontera sur, y resuena en los oídos del hincha peruano que quiere creer que este es el inicio del proceso que dará por terminado 36 años de fracasos mundialistas. 

Cae la tarde en Lima, y se siente el rumor de fútbol. Por la avenida Larco, en el céntrico distrito de Miraflores caminan algunos hinchas chilenos vestidos de rojo. En las esquinas, los tabloides siguen proclamando la batalla futbolística.

–¿Cómo los están tratando en la calle? ¿Los han provocado o insultado?  –le pregunto a un grupo de cuatro chilenos con la camiseta de su selección.
 
–Para nada –responden. ¡Si hasta fotos nos han pedido!

Tal vez perder con Chile no sea una tragedia nacional después de todo, pienso. Pero por favor, que no sea esta noche.


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