Lecciones del gran embalsamador del poder
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Opinión
Juan Manuel Vial Juan Manuel Vial
Periodista

Lecciones del gran embalsamador del poder

Tiendo últimamente a pensar que es probable que las mejores descripciones de cómo se maneja el poder político no provienen de los pensadores clásicos que durante siglos nos hemos empeñado en estudiar y citar a destajo, sino de un incansable biógrafo estadounidense de 82 años llamado Robert Caro, un hombre muy quitado de bulla, obseso con la acuciosidad de sus investigaciones, que ha dedicado casi la mitad de su vida a estudiar la figura del presidente Lyndon Johnson. Hasta la fecha, Caro ha publicado 4 gruesos volúmenes de la biografía de Johnson (mientras yo escribo, él avanza en el último), y en todos ellos, en la prodigiosa carrera pública del vicepresidente convertido en mandatario dentro del avión presidencial tras el asesinato de J.F. Kennedy, abundan lecciones acerca del ejercicio del poder, lecciones que debieran constituir mantras sagrados para nuestros líderes políticos.

"El vacío de poder que promovió Michelle Bachelet al desatender sus obligaciones como presidenta tras el escándalo Caval revela, por un lado, su inoperancia al respecto, su falta de experiencia al momento de tomar las riendas del mandato que le concedió sobradamente la mayoría del país"

El vacío de poder que promovió Michelle Bachelet al desatender sus obligaciones como presidenta tras el escándalo Caval revela, por un lado, su inoperancia al respecto, su falta de experiencia al momento de tomar las riendas del mandato que le concedió sobradamente la mayoría del país (sin dudas que su madre, Ángela Jeria, sabe bastante más sobre el asunto), y por otra parte explica, y hasta cierto punto justifica, los enrarecidos tiempos que actualmente corren, y que tienen a unos y otros –la derecha, el centro y la fraccionada izquierda– en diferentes estados de estupefacción, desafección, confusión y alteración. Si de emprender la conquista del poder se trata, todos han sido timoratos en pos de tal cometido. Y por paradójico que suene, pues asumo que desconoce la obra de Robert Caro, el único que ha demostrado una vocación hambrienta por conseguirlo ha sido el senador Manuel José Ossandón.

Avanzo desde hace meses en un mamotreto fenomenal que Caro publicó en 1974, sopesando, calmadamente, cada concepto, concentrándome en los cientos de episodios sorprendentes, reveladores e instructivos que ofrece el volumen. Se trata de The Power Broker. Robert Moses and the Fall of New York, algo así como “El operador del poder. Robert Moses y la caída de Nueva York”. Moses fue el urbanista que reinó como monarca absoluto en la Gran Manzana, el tirano que le dio forma, a partir de 1924, a la tremenda ciudad y a los suburbios que hoy en día conocemos, destruyendo a diestra y siniestra, y construyendo en donde mejor le pareciese. Según Caro, Moses erró en innumerables ocasiones, pero uno de los temas principales del libro es cómo el protagonista supo mantener su poder omnímodo por más de cuatro décadas. Durante ese período, nadie pudo con él. Ni siquiera el presidente Franklin Delano Roosevelt, que desde sus tiempos de gobernador de Nueva York le tenía sangre en el ojo a Moses por ciertas humillaciones sufridas. Pero la presidencia no le bastó para vengarse del invencible planeador urbano.

Vaya a saber uno cómo, pero es innegable que Sebastián Piñera ha perdido en esta campaña el aura presidencial que alguna vez ostentó. No olvidemos que ésa era una ventaja importante sobre sus adversarios de primera vuelta, ni tampoco debemos pasar por alto el hecho de que Ricardo Lagos, de haber sido el nominado de la Nueva Mayoría, hoy por hoy estaría aprontándose a ocupar La Moneda con bastante más comodidad que Alejandro Guillier. Robert Caro sentenció que si uno era incapaz de entrar en una pieza y detectar al instante quién está a favor tuyo y quién no, uno no tiene nada que hacer en política. En parte, la máxima explica los sinsabores que ha pasado Piñera durante el último tiempo: no supo identificar con precisión, en el momento que fuese, entre adherentes y oponentes.

"Cuando un hombre está trepando, tratando de persuadir a otros de que le den poder, la ocultación es necesaria. Pero a medida que el hombre obtiene más poder, el camuflaje se hace menos necesario"

Distinto es el caso de Alejandro Guillier: cuando tuvo poder, es decir, cuando fue director de prensa de Chilevisión, lo utilizó para delatar la vida privada de un juez. Por supuesto que el comunicador se lavó las manos de las acusaciones en su contra, negó su implicancia en el suceso, y hasta el día de hoy culpa a otros de la infame operación. Pero luego, ya en calidad de senador, Guillier comenzó a perfilar una personalidad propia, distinta, que, me guste o no, cobraba distancia de aquellos rasgos untuosos y difusos que uno le supone al hombre más creíble de Chile. Robert Caro explica la situación con un acierto sorprendente: “Aunque el cliché sostiene que el poder siempre corrompe, lo que rara vez se dice es que el poder siempre revela. Cuando un hombre está trepando, tratando de persuadir a otros de que le den poder, la ocultación es necesaria. Pero a medida que el hombre obtiene más poder, el camuflaje se hace menos necesario”.

Una lástima que nuestros líderes políticos apenas lean. Es tanto lo que podrían haber aprendido del gran Robert Caro. Pero me temo que sus libros jamás estuvieron considerados entre las lecturas de los veranos ya idos, ni que tampoco lo estarán en los que quedan por venir.