Los picores de Hillary
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Opinión
Juan Manuel Vial Juan Manuel Vial
Periodista

Los picores de Hillary

Al leer What Happened, el grueso libro donde Hillary Clinton relata qué fue lo que ocurrió, qué factores fueron determinantes para que perdiese la carrera presidencial ante Donald Trump, uno se da cuenta de que por mucho que se empecine en sostener lo contrario, la autora no ha superado, ni jamás superará, su derrota histórica ante un adversario al que por cierto considera un miserable de la peor calaña. Escrito en caliente, es decir, con rabia, incontinencia, picor y sed de venganza, el testimonio de Hillary ofrece, además de pachotadas directas a amigos y enemigos, un valioso mapa de la política estadounidense de las últimas décadas.

Son muchos los villanos retratados en las páginas de este libro, partiendo, obviamente, por el propio Trump, a quien la ex candidata presidencial considera “una marioneta de Vladimir Putin”. Hillary es sumamente meticulosa en describir la tremenda conflagración rusa que condujo a Trump a la Casa Blanca, y da por hecho que, con el correr del tiempo y el oficio de los investigadores, iremos conociendo las múltiples y “sabrosas” implicancias del caso. Sin embargo, ella mantiene una posición que hoy por hoy, en especial tras los acuerdos que sorpresivamente ha comenzado a forjar el presidente con el Partido Demócrata, ya no es una prioridad en Washington, como sí lo fue al principio del gobierno de Trump: la de una acusación constitucional que derribe al mandatario.

"El ataque a nuestra democracia de parte de nuestro principal adversario extranjero” es, en opinión de Hillary, mucho más grave que el affaire Watergate que forzó a Richard Nixon a renunciar a la presidencia en 1974"

“El ataque a nuestra democracia de parte de nuestro principal adversario extranjero” es, en opinión de Hillary, mucho más grave que el affaire Watergate que forzó a Richard Nixon a renunciar a la presidencia en 1974. Sobra decir que la ex Secretaria de Estado no le reconoce virtud alguna a Trump, y puede que en ello, en ese empecinamiento, haya más rencor personal que frialdad analítica. A Hillary le encanta comer ají, así lo declara con orgullo en el libro, y puede que los picores del habanero, del poblano, del jalapeño y de la sriracha le hayan nublado la vista al punto de no reconocer algo que Nancy Pelosi, la líder de los demócratas en el Congreso, ya tiene claro: Trump no es un tarado y sí está dispuesto a negociar en temas que son cruciales para el partido de Hillary.

Si bien la autora compone un listado contundente de las razones que permitieron el ascenso de Trump a la presidencia, ignora, o da la impresión de ignorar, un hecho fundamental a la hora de explicar su derrota: Trump llegó al poder porque los blancos de clase baja jamás se sintieron cómodos con un presidente de raza negra. Es esta suerte de venganza racial, que se manifestó claramente en diversas esferas durante los dos períodos de Obama en el gobierno, la que contribuyó más que ningún otro factor al surgimiento y consolidación de Donald Trump. Dicho de otro modo: si Barack Obama no hubiese sido presidente, Trump no existiría (políticamente hablando, claro está).

Mucho se habla de que la prensa estadounidense manifiesta un sesgo marcadamente liberal, que siempre favorece a la izquierda y que, debido a ello, surgieron aberraciones periodísticas ultraconservadoras como Fox News. En su libro, Hillary da a entender lo contrario: los peores ataques a su campaña los recibió de parte del New York Times, diario al que simplemente detesta. “Como siempre, el Times jugó un rol desproporcionado en dar forma a la cobertura de mis emails a lo largo de la elección. En mi opinión, la conducta del diario fue esquizofrénica. Gastaron cerca de dos años dándome duro por los emails, pero el respaldo entusiasta que me entregaron [los comités editoriales de los periódicos estadounidenses declaran a qué candidato apoyan poco antes de las elecciones presidenciales] le puso algo de cordura a la controversia. Pero entonces, en la parte final de la carrera, que era cuando más importaba, el diario retomó sus métodos tradicionales”.

"Ahora sabemos que varios cercanos a Trump se encuentran bajo investigación federal por cosas bastante más graves"

Hillary se refiere a la importancia que le dio el New York Times a la oscura e infame maniobra política de James Comey, el entonces jefe del FBI, que a pocos días de la elección decidió reabrir la investigación por los famosos emails que la candidata, descuidadamente, así lo reconoce varias veces, enviaba desde un servidor personal mientas fue Secretaria de Estado. Según ella, eso le costó la presidencia. Y aquí llegamos a la configuración del peor villano de What Happened, el republicano James Comey, quien incendió la pradera por unos emails inocuos, aunque jamás dijo ni pío acerca de la investigación que desde hacía bastante tiempo conducía el FBI en relación a los vínculos existentes entre Donald Trump y los rusos.

Razón tiene Hillary en estar indignada: “Después de la elección, hemos sabido que el vicepresidente Mike Pence usó un servidor privado para asuntos oficiales cuando era gobernador de Indiana, al igual que otros funcionarios estatales y federales a lo largo y ancho de nuestro país (incluyendo, dicho sea de paso, a muchos administrativos de la Casa Blanca de Bush, que utilizaron un servidor privado del Comité Nacional Republicano para asuntos de gobierno y luego ‘perdieron’ más de 20 millones de emails). Hemos sabido que el equipo de transición de Trump copió documentos altamente sensibles y que los removió de una instalación segura. Hemos sabido que miembros del equipo de la Casa Blanca de Trump usaron aplicaciones de mensajes encriptados que parecen evadir las leyes de historiales federales. Y ahora sabemos que varios cercanos a Trump se encuentran bajo investigación federal por cosas bastante más graves. Aún así, quienes más me fulminaron permanecen en silencio. Es casi como si a ellos jamás les hubiesen importado la mantención adecuada de los registros de gobierno ni los detalles más finos de la clasificación retroactiva, y que todo el asunto sólo se trató de una conveniente piñata política”.