Crédito: Agencia Uno
Ana Torroja junto a Gepe en escena
Opinión

Segunda noche de Festival: Nostalgia noventera

Probablemente la segunda noche del festival no tuvo la intensidad de la primera, aunque hubo sí mucha nostalgia por los años 90.

Ocurrió primero con Eros Ramazzotti, que en Chile se dio a conocer con el disco “Todo Historias”.  Allí  estaba la clásica  “Cosas de la vida”, la que dio pie a otras baladas de la década y a que en las radios FM -que habitualmente privilegiaban un repertorio anglo-pop-rock-, apareciera un baladista italiano con este tipo de repertorio y un éxito crossover.

Ramazzotti ha seguido trabajando. No ha parado de hacer discos, no ha parado de hacer canciones ni giras, pero ha estado enfocado en gran parte en el mercado europeo, lejos de la industria latina. Y eso para muchos hizo pensar que estaba ausente.

No estuvo ausente y su actuación en la Quinta Vergara demuestra que está absolutamente vigente, en buenísima forma y que, además, tiene una banda extraordinaria que fue de lo mejor que ha sonado en el escenario de Viña.

Finalmente lo que importa para la audiencia y, lo que se queda en la memoria de ellos, es el recuerdo de aquellas canciones de los años noventa, que pegaron perfecto para un público que está dentro de los 30 y 40 años.

Lo mismo que pasó con Ana Torroja. La española hizo un repertorio de Mecano donde apenas incluyó un par de las canciones que ha hecho como solista. Si bien el grupo Mecano fue importante en la década de los años 80,  también lo fue a comienzos de los 90. Y en Chile comenzó en esa época  a tener importancia en los medios.

Hay que recordar que Mecano estuvo en el Festival de Viña en el año 1992 y dio un recordado concierto en el Estadio Chile ese mismo año. Así, en términos de coincidencia de época, lo de ayer fue un show para los más noventeros.

Independiente de fechas exactas y la nostalgia, este festival está apuntando hacia allá y armando las noches de acuerdo a target específico de edad o tipos de público, lo cual parece ser una estrategia bastante inteligente y donde el humorista que estuvo ayer, Rodrigo González, encajó a la perfección.

Precisamente,  González incorporó en su rutina de ayer muchos elementos del recuerdo y de la televisión pasada -quizás un poco antiguo,  pero nostálgicos al fin y al cabo- en función de hacer reír.

Un tipo simpático y agradable, sobre el cual había muchas dudas de lo que iba a ocurrir en el escenario de la Quinta Vergara. Pero que finalmente sacó adelante la terea, no más que eso.

Si comparamos la repercusión que todavía está teniendo la rutina de Edo Caroe con la de González, este último queda evidentemente en un plano inferior, porque además tuvo menos sustancia. Pero lo hizo bien, construyó de buena manera su rutina, su simpatía aportó muchísimo y, además, su oficio como actor le ayudó a desarrollar de buena manera el show y hacer que la Quinta pasara un buen rato y se riera -quizás no a carcajadas- tranquilamente y de forma genuina en la segunda noche del Festival de Viña.


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