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Esa palabra
Opinión

Esa palabra

En el ambiente en que crecí, aquella palabra parecía innecesaria. Las mujeres de mi familia, por definición, eran fuertes. Mi madre -jefa de hogar- era un bastión de capacidad de trabajo. Mi colegio, un liceo emblemático de niñas, estaba lleno de chicas con personalidad.

En la universidad, a comienzos de los ’90, esa bandera parecía una lucha pasada de moda. Las mujeres ya éramos, en muchas carreras, la mitad del estudiantado, y a menudo las mejores alumnas.

Si a la generación anterior de mujeres le había costado acceder a la educación superior, ése ya no era el caso. La época que vivíamos nos acercaba a la igualdad. Cuando comenzamos a trabajar, hombres y mujeres pusimos entonces el mismo empeño en progresar profesionalmente.

Con los años, esa percepción de igualdad se fue esfumando.

Mi generación de mujeres se hizo madre, y para buena parte de ellas la presión de un trabajo demandante se hizo incompatible con los deberes familiares; a menos que se pudiera contar con ayuda doméstica, muchas tuvieron que postergar su carrera, mientras sus maridos avanzaron laboralmente. Para las que asumieron la maternidad solas, los costos fueron aún mayores.

"A pesar de tener una Presidenta de la República, la escasez de mujeres en las esferas de poder es un hecho que se da por descontado. El país se encoge de hombros."

Las mujeres que trabajan fuera de casa suelen tener dos trabajos y el hombre sólo uno. Esta cultura explica que pese a tener las mismas calificaciones profesionales, a mayor senioridad, ellas irán desapareciendo de los directorios, las cumbres de negocios, las conferencias científicas, las jerarquías académicas y los espacios de opinión reservados a los temas clave.

La elección de 100 Mujeres Líderes esta semana la realizó un jurado compuesto por 11 hombres y 3 mujeres. La casi nula presencia femenina en el “Chile Day” que congregó a la elite económica en Londres fue objeto de comentario en la prensa internacional .

A pesar de tener una Presidenta de la República, la escasez de mujeres en las esferas de poder es un hecho que se da por descontado. El país se encoge de hombros.

Pero la presión sobre la mujer no abarca sólo deberes familiares. La apariencia afecta sus perspectivas laborales y la manera en que la sociedad percibe su progreso profesional.

En medios de comunicación, una periodista de contextura gruesa tendrá ciertas limitaciones para trabajar; si es hombre, la apariencia será menos relevante, e incluso alguien podría usar el mismo traje todos los días sin que se note .

"El feminismo es una palabra estigmatizada, que parece aludir a un grupo de mujeres sin sentido del humor."

Un intelectual que se viste descuidadamente es considerado excéntrico. Una académica o ejecutiva de look desaliñado es víctima de comentarios despiadados, incluso sobre su sexualidad; si, por el contrario, su aspecto es cuidado, será llamada frívola o ambiciosa; y si es exitosa, dirán que sacrificó a su familia para triunfar. Esto es menos probable para los hombres exitosos.

El feminismo es una palabra estigmatizada, que parece aludir a un grupo de mujeres sin sentido del humor. Pero el desprecio a una etiqueta mal entendida permite cerrar los ojos frente un problema real que afecta a los hijas de todos. Similar nivel de educación no se traduce en similar nivel de liderazgo.

No basta mostrarles a las niñas que sus talentos les permitirán ser lo que quieran. Esa promesa de futuro no se cumple por sí sola. Hay que cambiar el presente, creando hoy espacios más equitativos de opinión, decisión y reconocimiento -pecuniario y cultural- del aporte femenino.

"Avanzar también significa equilibrar la ecuación doméstica, o arriesgaremos que la población siga envejeciendo con los múltiples problemas que eso trae"

Si nos contentamos con privarnos de un enorme porcentaje de talento, no avanzaremos mucho como sociedad. Avanzar también significa equilibrar la ecuación doméstica, o arriesgaremos a que la población siga envejeciendo con los múltiples problemas que eso trae, como sucede en algunas partes del mundo desarrollado.

Esto, entonces, no es una idea anticuada, ni un fanático combate anti-hombre, sino una concepción de democracia y desarrollo que necesita a toda la población.

Si usted comparte estos pensamientos, bienvenido(a) al club del… esa palabra.


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