Crédito: NGC 6744
Luz en el agujero negro
Opinión

Luz en el agujero negro

Mi padre era meteorólogo. El amor de su vida, sin embargo, era la física, que estudió de forma autodidacta en años solitarios vividos en un faro. Lo obsesionaba la luz, así como sus efectos en el ser humano.

Este interés marcó su vida y hacía que nuestras conversaciones a menudo trataran sobre temas científicos. Para los cumpleaños, su regalo, tanto para mi hermano como para mí, solía ser un libro de ciencia.

Cuando cumplí 14 años, él había muerto pocos meses atrás. Mi madre, entonces, quiso hacerme un regalo en su nombre. Ella puso en mis manos “Una breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros”, el best-seller de Stephen Hawking, profesor de física de la Universidad de Cambridge. Leer y releer este libro fue mi forma de mantener, mentalmente, esos diálogos padre-hija sobre ciencia y luz.

"En Cambridge, una conjunción planetaria –por llamarlo de alguna manera- me regaló, en una tarde de verano, un encuentro con Hawking en persona."

Diez años más tarde, una beca del gobierno británico me llevó a estudiar (derecho, no física) en Cambridge. En ese lugar, una conjunción planetaria –por  llamarlo de alguna manera- me regaló, en una tarde de verano, un encuentro con Hawking en persona.

Hawking, en su silla de ruedas motorizada, daba un paseo junto a su esposa por las afueras de la facultad de Derecho, vacía de estudiantes y tranquila durante el receso veraniego. La facultad colinda con su college y con la casa donde escribió Historia del Tiempo y vivió muchos años con su familia.

Me tomó algunos momentos vencer el pudor y acercarme a saludarlo. Una mirada cálida y luminosa retribuyó mi modesta historia familiar en torno a su libro. Gracias al procesador de voz característico de Hawking, conversamos sobre un viaje que había hecho a Chile unos años antes. Guardaba excelentes recuerdos de esa visita.

En los años en que viví en Cambridge, volví a toparme otras veces con Hawking. Es un pueblo pequeño donde él, con feroz dignidad –según cuenta la leyenda local- intenta ser tratado como una persona normal y un académico más. Lo recuerdo con gesto paciente, en la calle, esperando la demorosa operación de varias rampas mecánicas para lograr entrar al antiguo departamento de matemáticas aplicadas; paseando por el centro, en un frío día de compras navideñas; y en un restaurante discreto, con su familia.

Escribo esta columna porque, con gran emoción, he vuelto a ver a Hawking en estos días. Esta vez, en una pantalla grande.

"Me tomó algunos momentos vencer el pudor y acercarme a saludarlo. Una mirada cálida y luminosa retribuyó mi modesta historia familiar en torno a su libro."

“La teoría del todo”, nominada al Oscar como mejor película, se basa en el libro de la esposa de Hawking sobre la vida de la pareja. La producción contó con la colaboración de ambos (están divorciados, pero siguen siendo amigos). 

El filme cuenta la historia de un extraordinario ser humano que ha sobrevivido varios encuentros con la muerte debido a la enfermedad degenerativa incurable –esclerosis lateral amiotrófica- que se le diagnosticó a los 21 años, y que según los  médicos debió haberlo matado a los 23. Hawking tiene hoy 73 años: ha vivido cinco décadas con esta enfermedad. Es un caso único en el mundo, sin considerar los logros profesionales que lo han convertido en el científico vivo más famoso de nuestro tiempo. 

Pero la vida de Hawking, en sí misma un milagro, no se explica solamente por su inteligencia, su lucha personal contra la adversidad o los progresos de la medicina, sino también -y de modo crucial- por la determinación de acero de su mujer, Jane, quien cuida con infinita voluntad a su marido cuadrapléjico, mientras cría tres hijos e intenta estudiar su propio doctorado (en literatura española). Los Hawking sostienen una relación compleja, donde el amor insiste en iluminar un abismo creciente y aparentemente sin salida: un cuerpo destinado a detenerse y convertirse en prisión que acallará la voz, mas no el pensamiento.

La historia de Hawking, magníficamente actuada en los inspiradores paisajes de Cambridge, recibe un elegante tratamiento narrativo, visual y musical. Su alquimia de humanidad, ciencia y arte, permite asombrarse ante no uno, sino dos espíritus irreductibles. Una estrella fulgurante, y otra que hizo posible su viaje por el universo, desafiando los límites de lo conocido.



Estreno 5 de febrero


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