Crédito: Showtime
Homeland: Ave fénix
Opinión

Homeland: Ave fénix

Mucho se ha dicho en el último tiempo comparando a la televisión con las novelas y con el cine. Como si, desde que las series se sacaron la etiqueta del pariente pobre y ninguneado entre las artes, el mejor halago sea igualarlo con otras formas “más elevadas” de creación.

Y, es cierto, con el boom de la producción en contenidos, las maneras de plantear y estructurar historias en televisión se ha diversificado al punto de que esas comparaciones dejan de ser odiosas.

Pero en ese apuro por “elevar” la ficción de la pantalla chica, muchas veces queda en el camino la tarea de reconocer sus virtudes propias y únicas, que no se ven repetidas en otros formatos.

El viernes, cuando debute la cuarta temporada de Homeland en Fox1, se verá un buen ejemplo de una de las cualidades televisivas que más vitalidad le dan al medio. Y es que en la ficción seriada, nunca se pierde la capacidad de reinventarse, de ir encontrando nuevos caminos, de probar otras formas de llegar a donde se va, de ir, literalmente, inventando sobre la marcha.

"En la ficción seriada, nunca se pierde la capacidad de reinventarse, de ir encontrando nuevos caminos"

Si al embarcarse en una serie como Homeland el proceso creativo estuviera cerrado desde el principio (como ocurre con una novela), los espectadores habrían estado más que justificados en abandonar el buque a mediados del segundo ciclo.

Ahí, el programa sobre una agente de la CIA que intenta impedir ataques terroristas contra Estados Unidos, se descarriló creativamente y dejó claro que todo lo que se había visto en el excelente primer año no era más que un espejismo.

Pero no, Homeland es un proceso todavía en marcha, se está escribiendo cada año, sus guionistas pueden ser testigos de las reacciones que se producen a raíz de sus decisiones creativas. Y, más importante, pueden enmendar camino y hacer cambios radicales sin tener que retroceder ni pedir disculpas.

Tomar medidas drásticas puede tener sus costos en términos de la continuidad y la pulcritud narrativa, pero eso poco importa frente al placer de ver cómo una serie que se daba por perdida se recupera y, quizás, logra ser mejor que nunca antes.

"Tomar medidas drásticas puede tener sus costos en términos de la continuidad y la pulcritud narrativa, pero eso poco importa frente al placer de ver cómo una serie que se daba por perdida se recupera"

Le pasó a The Good Wife, que incorporó al marido sorpresa de Kalinda (uno de los mejores personajes de la serie), en una trama francamente descabellada, pero supo leer el error y corregir. Se deshizo del malhadado personaje y continuó para tener su mejor momento creativo en su quinto año.

Lo hizo también Friday Night Lights, de las mejores series de la década, que recurrió a uno de los peores clichés de la historia de la televisión al hacer que dos de sus personajes cometieran un homicidio. A poco andar, los guionistas se dieron cuenta de lo poco atinado de esa decisión, y rápidamente escondieron esa trama debajo de la alfombra.

Y ahora lo hace Homeland. Hay que admitir que no logra los resurgimientos que The Good Wife y Friday Night Lights concretaron, pero también es cierto que las profundidades en las que cayó fueron mucho más alarmantes.

"La serie protagonizada por Claire Danes hace una especie de borrón y cuenta nueva y se reinventa como un thriller político internacional hecho y derecho"

Así, en su cuarto ciclo, la serie protagonizada por Claire Danes  hace una especie de borrón y cuenta nueva y se reinventa como un thriller político internacional hecho y derecho. Así, deja de lado sus ambiciones más intelectuales y se dedica a la acción y a una trama que engancha.

Le resulta de manera admirable, aunque con algunos altos y bajos. Al final, lo que importa es que Homeland renació de las cenizas usando el mejor truco, apelando al ADN mismo de la ficción televisiva, y volvió a recordar que en la TV ningún caso está definitivamente perdido.


Lo más visto en T13