Crédito: Netflix
Narcos
Opinión

Narcos: El atrevido nuevo experimento de Netflix

Narcos, la nueva serie que Netflix lanzó hace una semana,  tiene muchos “peros”.

Aborda una historia fascinante, pero lo hace de manera tan acelerada que descuida la profundidad. Tiene actuaciones sobresalientes, pero no entrega al elenco suficiente materia prima para darles reales matices y densidad a los personajes. Aprovecha al máximo su excelente decisión de grabar en locación en Colombia, pero más en términos puramente estéticos que como una forma de darle sabor local al relato. Opta por una visión donde la línea entre los “malos” y los “buenos” está bastante borrosa y, a la hora de los métodos, se inclina por condenarlos a todos. Pero, y aquí está el pecado capital, recubre casi todas las escenas de una avalancha de narración en off que arrasa con la regla cardinal para contar bien un cuento: “mostrar, no decir”.

"A la hora de los balances, Narcos logra acumular un saldo positivo"

Pero –sí, pero- a la hora de los balances, Narcos logra acumular un saldo positivo. En épocas donde se producen más series de las que el más dedicado de los espectadores podría ver, no todas las realizaciones tienen (o pueden) llegar a las alturas de The Wire, Mad Men o Breaking Bad. No es que la vara esté más baja, sino que sencillamente ahora hay más nichos y criterios bajo los cuales analizar los méritos de una apuesta y la cancha está mucho más abierta.

Además, lo más interesante de Narcos es, precisamente, lo que da origen a la omnipresente y redundante narración en off, por lo que no queda otra que perdonarla.

Esta serie es un experimento interesante. Hace rato que Netflix busca su batatazo global. Ya tuvo dos intentos: uno totalmente fallido en Marco Polo y otro brillante, pero poco masivo, como Sense8.

Ahora, probando si la tercera es la vencida, se atreve con una historia puramente latinoamericana: el auge y caída de Pablo Escobar y el cartel de Medellín, grabada con un 90% de actores latinos –de lo mejor de la región, incluyendo a los chilenos Luis Gnecco y Paulina García- y la hace casi completamente hablada en español. Una osadía.

El peaje, claro, es la narración -en inglés- del policía cowboy gringo. Un elemento que, sin duda, está ahí para asegurarse de no alienar al espectador estadounidense -todavía el más importante para la empresa- y que, por cierto, en su mayoría no se rebaja a leer subtítulos como el resto de los mortales.

En la suma y en la resta, no es un precio demasiado alto para poder ver a algunos de los mejores talentos latinos —incluyendo al director Jose Padilha (Tropa de Elite), productor ejecutivo y director de los primeros dos episodios— en una producción de alto nivel, que funciona precisamente porque se acomoda en su nicho de thriller de acción sin complejos y con bastante efectividad.

Podría ser más, pero en este panorama televisivo, es mucho mejor que se atrevan a experimentar con algunos tropiezos, que irse a la segura con una serie formulada, literalmente, por un algoritmo, como House of Cards, la impostora realización de "prestigio" de Netflix. 


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