Crédito: AMC
Mad Men: Nunca igualada
Opinión

Mad Men: Nunca igualada

Hace rato que dejó de tener el lustre de sus inicios. Los Emmy la abandonaron hace un par de años y en el torrente de nuevas apuestas de todo tipo que ha inundado el cable, Mad men parece haber pasado a ser sólo una más del montón.

Pero eso tiene que ver con factores externos, como que la gente siempre busca la nueva gran cosa o que ahora las series de gran calidad y ambiciones abundan en vez de ser flashazos atesorados por fanáticos.

No es Breaking Bad, que terminó en su peak de  público e influencia con bombos y platillos. Pero eso no importa, porque a punto de bajar la cortina definitivamente con el estreno de la segunda parte de su séptima temporada (los lunes a las 21 horas por HBO), el programa protagonizado por Jon Hamm mantiene su factura y maravilla intacta; y su legado es innegable.

"Matthew Weiner, el cerebro tras la serie, es famoso por lo controlador y complicado, pero eso es precisamente lo que le ha permitido mantener las riendas del cuento de manera tan rigurosa."

Hay pocos placeres televisivos que se comparen con sentarse a ver un capítulo de Mad men. Incluso ahora, con tantas alternativas y canales haciendo ficción, no abundan las series donde las interpretaciones textuales y subtextuales sean tan ricas, donde los silencios importen más que los diálogos que se escuchan y donde cada personaje, cada decorado, cada interacción esté utilizado de manera tan deliberada para contar la historia que su creador quiere narrar.

Matthew Weiner, el cerebro tras la serie, es famoso por lo controlador y complicado, pero eso es precisamente lo que le ha permitido mantener las riendas del cuento de manera tan rigurosa. La coherencia, la manera como cada pieza parece caer en su lugar, es un triunfo narrativo que no deja de impresionar.

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La historia de Don Draper está llegando a su fin y en esta segunda mitad del último ciclo, se vislumbra una doble apuesta por sus temáticas primordiales.

Por el lado del protagonista, la identidad, la posibilidad o imposibilidad de cambiar, la necesidad de adaptarse a unos tiempos que están dejando obsoleta tu manera de ser. En la trinchera del resto de los personajes, el foco se amplía y reduce según las necesidades.

Crítica social, reflexiones raciales, sobre el sexismo y otras menos portentosas como qué conforma una familia, tienen cabida. Esto, a la par de arcos narrativos personales, como el camino de Peggy Olsen (Elisabeth Moss) desde secretaria a ser una de las creativas más importantes de la agencia, con problemáticas que resuenan en la actualidad, como la prosperidad económica versus las dificultades de consolidar su vida emocional.

"La serie termina en su propia ley. Como sus creadores lo planificaron y ni un momento antes ni después. Tendrá un final pensado y proyectado con anticipación."

A Mad men, eso sí, hay que agradecerle mucho más que siete temporadas en la gloria televisiva. Porque aunque la llamada “nueva época dorada de la televisión” tiene muchos precursores - y varios bastante anteriores que Mad men- , esta serie es una de las grandes responsables de la consolidación del fenómeno.

Es la que terminó de convencer de que sí, la televisión también era un arte y la que abrió el terreno para que otros canales que no fueran HBO se atrevieran a apostar por programas que tal vez no tendrían decenas de millones de espectadores, pero que sí podían ser un jugador clave en la cultura pop.

No por nada Mad men, a pesar de sus rating relativamente paupérrimo, acumuló una línea de ropa, incontables artículos de análisis en la prensa e hizo de sus protagonistas estrellas.

La serie termina en su propia ley. Como sus creadores lo planificaron y ni un momento antes ni después. Tendrá un final pensado y proyectado con anticipación. Estuvo siete años al aire, mucho más que la gran mayoría de las series. Pero todo eso no quita lo triste que es que termine. No porque cierre  una era –es la última serie fundadora de la “época dorada” que está al aire- sino por todo lo que se echará de menos ver nuevamente a Don Draper y su pandilla.


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