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Trump - Apec

La “gira norcoreana” de Trump

La gira del presidente Donald Trump por Asia ya tiene ganado su lugar en la historia, considerando que es la más larga que ha realizado un mandatario estadounidense en los últimos 25 años, al recorrer Japón, Corea del Sur, China, Vietnam y Filipinas en doce días. Eso, sin mencionar sus particulares “salidas de libreto”, como saludar al emperador japonés Akihito con un apretón de manos y darle varias palmadas en el brazo.

En ese contexto, más allá de los temas bilaterales tratados por el mandatario estadounidense con sus homólogos en Tokio, Seúl y Beijing, lo cierto es que en gran medida la agenda de su gira ha estado centrada en Corea del Norte. Y no podía ser de otra forma, considerando el impacto que ha tenido en esta región -y el resto del mundo- que Pyongyang siga adelante con sus ensayos nucleares y pruebas con misiles balísticos, a pesar de la condena y las sanciones internacionales.

En su paso por Japón, Trump insistió en que este país se comprometiera a adquirir nuevos sistemas de armas estadounidenses, capaces de interceptar misiles en vuelo, pero el Primer Ministro Shinzo Abe declinó cortésmente la propuesta. En parte, porque Japón ya cuenta con el sistema defensivos Aegis, desplegado en barcos de guerra, mientras que en tierra tiene las baterías de misiles Patriot.

Ambos tienen limitantes en su actuar contra los misiles norcoreanos, pero probablemente se necesitarían modificaciones a la Constitución pacifista nipona de 1947 -tema aún sensible en este país- para adquirir nuevos equipos.

No obstante, lo cierto es que tanto Trump como Abe acordaron ejercer “la máxima presión” posible sobre el régimen de Kim Jong-un, con el objetivo de frenar sus acciones en la zona. “La era de la paciencia estratégica ha terminado”, aseguró el mandatario estadounidense, quien mira con buenos ojos que Japón tenga un mayor protagonismo en asuntos de seguridad en la región.

Una vez en Corea del Sur, lejos de lo esperado, la retórica de Trump adoptó un tono diferente durante su encuentro con el presidente Moon Jae-in; mucho más conciliador, se podría decir, al punto que habló de la posibilidad de sentarse a la mesa de negociaciones con Kim. “Al final, las cosas se resolverán”, dijo el mandatario estadounidense.

En sus casi nueve meses en la Casa Blanca, el gobierno de Trump ha demostrado que en política exterior es tan impredecible como errático, de modo que no debiera sorprender que tras sus amenazas de destruir -literalmente- a Norcorea, ahora hable de un posible acercamiento diplomático con el régimen de Kim.

Y una vez en China, también resultó imposible no abordar con Xi Jinping el “tema norcoreano”, considerando la alianza histórica que existe entre Beijing y Pyongyang. Pero sobre todo, porque Xi acaba de salir fortalecido del último congreso del Partido Comunista y se encuentra en una inmejorable posición de poder, lo que le permitiría tomar acciones más concretas contra su controvertido vecino.

Más allá de las cumbres de APEC y Asean, que coincidieron en la última etapa del viaje de Trump, resulta claro que el gran tema de fondo de la gira ha sido Norcorea. Un recorrido destinado a que el actual presidente de Estados Unidos hiciera un despliegue simultáneo de rudeza y diplomacia en terreno, aprovechando de comprometer de manera personal a los principales líderes de la región en torno a medidas más efectivas en contra de Kim Jong-un.

De hecho, nadie podría creer que fuera solo una coincidencia que mientras Trump desarrollaba su gira por la región, paralelamente los portaaviones USS Nimitz, USS Reagan y USS Theodore Roosevelt -junto a sus respectivos grupos de batalla- realizaran ejercicios navales en el Pacífico occidental; la primera vez, desde 2007, que la Armada estadounidense desarrolla maniobras de este tipo con tres portaaviones simultáneamente.

Asimismo, aunque nadie lo ha confirmado oficialmente, sería muy poco probable que no se estén desarrollando desde hace tiempo gestiones diplomáticas secretas; conversaciones -o negociaciones, si se lo prefiere- alejadas de la mirada de los medios de comunicación, destinadas a mantener los canales abiertos entre Washington y Pyongyang, en busca de una solución que evite un eventual conflicto armado. Y que, de esa manera, ponga fin a la creciente tensión en el noreste de Asia.


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