Ricardo Lagos, el conde de Montecristo
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

Ricardo Lagos, el conde de Montecristo

Siempre se han buscado metáforas para representar al ex Presidente Ricardo Lagos Escobar. Su gobierno, que fue el último de seis años, es visto desde la distancia como el más republicano de la historia, y no sometido a los trapicheos que han venido después. También su influencia posterior en la agenda política, le han valido metáforas como compararlo con Julio César o Luis XIV.

Pero en el último tiempo, el ex Presidente ha actuado más parecido al Conde de Montecristo o algún personaje de película de Tarantino, y teñido más su acción política por pasar cuentas a quienes culpa de su frustrada carrera presidencial.

Tiene razón en los motivos. El Partido Socialista, en una votación secreta, decidió sacarlo de competencia y apoyar al senador Guillier. Lagos había recibido con anterioridad, de quienes dirigen el PS, garantías que se le iba a permitir estar en la competencia, y esa información fue insumo importante para varios de los errores de apreciación de su comando respecto al Partido Socialista.

"El otrora hombre de Estado ha convertido su actuar político de estos días en una vendetta irracional"

Al igual que Edmundo Dantés, el personaje de Dumas devenido después en el vengativo Conde, también entre quienes hicieron caer al ex presidente había una mezcla de razones: cálculo político, ingenuidad, resentimiento y derechamente ambición. Y lo más dolorosamente parecido, muchos de ellos deben buena parte de su carrera política a Lagos.

Pero el otrora hombre de Estado ha convertido su actuar político de estos días en una vendetta irracional. En primer lugar, se ha negado abiertamente a apoyar a Guillier, pese a que es el candidato oficial de los dos partidos de su propia alma y el más competitivo de todo el abanico de centro izquierda. Una palabra a favor habría permitido al senador por Antofagasta dar una señal hacia el centro y eliminar ese tufillo a desorden que todavía queda en su candidatura. Y para dejar claro lo profundo de su enojo, Lagos recibió a la presidenta regional del PS en Atacama, que se encuentra en abierta rebeldía contra la directiva de su partido, algo raro en un político que defendió toda su vida a las instituciones.

Sin contar además de las notorias señales a favor del candidato que le compite a la ex intendenta de Aysén, apoyada por el senador Lagos Weber, por la sencilla razón que en la contienda dentro del PS se mantuvo siempre fiel a su candidatura.

"¿Suena razonable que el último acto de una extendida carrera política sea vengarse de quienes lo humillaron en el PS?"

El hecho más notorio es el apoyo exclusivo al diputado PPD Jorge Tarud, candidato a senador por la región del Maule. Nada raro en ello, salvo el evidente desdén con Alvaro Elizalde, presidente del PS y quien pareciera el mayor destinatario de las iras del ex Presidente.

¿Suena razonable que el último acto de una extendida carrera política sea vengarse de quienes lo humillaron en el PS? Lagos tiene por si un potencial tremendo instalando temas de futuro y provocando giros en la agenda. Su malogrado intento de volver a ser Presidente no deterioró ninguno de sus atributos, como si lo hará su pistolerismo político.

Para quienes dentro del PS no lo apoyaron este este comportamiento será la justificación a sus actos. Podrán darle sentido moral a la bajeza de esos días, bajo el argumento que es evidente que Lagos ya no tenía estatura para ser candidato. Para quienes todavía son sus partidarios, estas operaciones de liquidación son difíciles de equiparar a los grandes temas y visiones de futuro que siempre ha tenido el Ex Presidente.

Además, como suele suceder, las decisiones políticas producto de la ira son de alto riesgo. ¿Qué pasa si no sale elegido Tarud senador? ¿Qué sucederá si en la región de Aysén gana la candidata local? Cada uno de esos casos, en vez de ser explicados por fenómenos locales, serán usados como argumentos para construir la tesis de la decadencia política final del mejor presidente que ha tenido la centroizquierda en la historia de Chile.

Sin la estrategia de la venganza, el tiempo le habría dado la razón a Lagos. En ello, habría sido más propio de su estatura haberle hecho caso a las palabras finales de Alejandro Dumas en su novela: ¡Confiar y esperar!