Casablanca
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

Casablanca

Esta columna no trata sobre la nostalgia, aunque puede ser también el sentimiento sobre la Nueva Mayoría, sino hace referencia al pueblo que está camino a Valparaíso. Ese, si no cambian las cosas, puede ser una metáfora de la actual coalición oficialista. El lugar por donde se pasa, se miran los carteles, nadie se detiene y el camino sigue. Así puede ser la relación entre el gobierno entrante (Santiago) y el Frente Amplio (Valparaíso).

La arremetida comunicacional del Frente Amplio que incluye alabanzas al futuro ministro Segpres e invitaciones al diálogo a Piñera, quieren dejar a la coalición de Jackson y Boric en los verdaderos interlocutores del nuevo gobierno, con la Nueva Mayoría como actor de reparto.

Buena parte de dicha posibilidad es porque en la propia actual coalición, sigue primando el derrotismo, en vez de asumirse como una futura oposición con mucho poder, pues tiene frente a un gobierno sin mayoría parlamentaria. En primer lugar, para algunos parece más importante la discusión sobre cómo defender el legado del gobierno actual y la propia figura de la presidenta, que pensar en el futuro y cuál será el camino para volver a la Moneda, como lo hace cualquier oposición en un país democrático. Esa sencilla lección de ciencia política el Frente Amplio la está entendiendo correctamente y con ello superando sus propios déficits de gobernabilidad y experiencia, para así ser alternativa en 4 años más.

La propia discusión sobre si es necesario centrar las energías políticas en defender el legado puede carcomer profundamente al actual oficialismo, cuando se apaguen las luces del actual gobierno. Dentro de la coalición hay ciertas peleas producidas al calor del comité político, como la de la DC con el PC o el sobredimensionamiento del segundo piso que, por desgracia, también forman parte de la herencia política del actual gobierno.

"El lugar por donde se pasa, se miran los carteles, nadie se detiene y el camino sigue. Así puede ser la relación entre el gobierno entrante (Santiago) y el Frente Amplio (Valparaíso)."

A diferencia de la vez pasada, Bachelet no es candidata para cuatro años más. Aunque constitucionalmente es posible, sería un error que hipotecaría profundamente la necesaria renovación de figuras en la centroizquierda. Además, la propia Presidenta, con su consabida responsabilidad política, no aceptaría nunca siquiera que se mencionara tal posibilidad, pues tiene claro el daño que puede producir en los partidos que la han apoyado.

Además, el gobierno de Piñera, en el medio de las polémicas por la designación de varios ministros ha dejado claro que no quiere centrar su agenda de gobierno en desarmar la gestión de la actual Presidenta. En su columna de despedida, el futuro ministro Gerardo Varela dejó claro que va a aplicar la gratuidad y no centrará su acción en desmantelarla. También el gobierno entrante fue claro a raíz de las polémicas asociadas al nombramiento de la Ministra de la Mujer y Equidad de Género que no piensa retroceder en materia de aborto. La propia futura Ministra ha dejado claro que buscará el diálogo y no la retroexcavadora. Se vería entonces como una exageración tanta defensa de legado, en contraste con el Frente Amplio que busca agenda de futuro.

"La arremetida comunicacional del Frente Amplio que incluye alabanzas al futuro ministro Segpres e invitaciones al diálogo a Piñera, quieren dejar a la coalición de Jackson y Boric en los verdaderos interlocutores del nuevo gobierno, con la Nueva Mayoría como actor de reparto."

La tarea de reconstruirse para la Nueva Mayoría es absolutamente necesaria. La centroizquierda tiene que sacudirse de una vez por toda de la seguidilla de errores que llevaron al desastre y construir su propia identidad basada en el encuentro entre la izquierda y el socialcristianismo. Ese encuentro dio a Chile los mejores años de su historia, que ningún negacionista de la transición ha logrado desvirtuar. Jugar a parecerse al Frente Amplio, como hacen varios en la NM,  suena más a película Belleza Americana, donde el personaje de Kevin Spacey en la cercanía de sus 50 años tiene una epifanía adolescente con resultados trágicos.