CEP: la fiesta en Cerro Castillo duró un día
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

CEP: la fiesta en Cerro Castillo duró un día

El 1 de junio fue un día de fiesta en el oficialismo. La encuesta Adimark a primera hora mostraba la mayor aprobación de la gestión de la Presidenta Bachelet desde aquel fatídico cambio de gabinete anunciado en el programa de Don Francisco. Para hacer aún la marraqueta del desayuno más crujiente y la palta más verde, el candidato mejor evaluado de la centroizquierda quedaba a tiro de cañón de Piñera. El discurso presidencial, por vez primera desde el retorno de la democracia transmitido en un día laboral, fue un éxito comunicacional. La Presidenta apareció en un excelente manejo escénico como en sus mejores tiempos en el 2013 y al inicio del gobierno. Su propia llamada a la unidad de la coalición la mostraba a un nivel de órbita superior a los dos senadores que pretenden sucederla. El día parecía tan redondo que las propias imprecisiones del discurso, lleno de promesas díficiles de cumplir en los nueve meses que le restan al gobierno y con una visión apocalíptica del Chile anterior al 11 de marzo de 2014, no se alcanzaron a notar.

La encuesta publicada por el Centro de Estudios Públicos fue un balde de agua fría que cayó sobre los restos de la cena festiva con que se celebraba el mejor día del oficialismo en mucho tiempo, y sin duda una muestra que Chile es distinto al que los escribanos del mensaje presidencial creen ver mientras se encierran a releer a Lechner y ver cómo citarlo forzadamente.

Según el sondeo, las personas en su mayoría se definen de centro o simplemente no pertenecen al eje de calificación política. Gente que en su vida diaria no habla de política, y que en su mayoría no usa las redes sociales para hacer proselitismo. Y por tanto, las agotadoras y sobrecalificadas campañas en redes sociales con hashtag favorables a la gestión gubernamental que se planifican desde los encargados de comunicación gubernamental son una verdadera pérdida de tiempo y recursos. Más bien, tanta autorreferencia y mensajes dirigidos solo a quienes le interesa la política, fortalece otra idea que ronda y que es muy dañina a la valoración del gobierno: un 58% está convencido que las autoridades no tienen preocupación alguna por los problemas de la gente común.

También mostró a los ciudadanos viendo un país que aumenta su estancamiento en los últimos tres años y que no comparte la idea que buscó instalar el discurso que los últimos años habían sido un nuevo Chile que surgió, con las banderas de Pedro Aguirre Cerda, desde las cenizas del neoliberalismo y las centrales a carbón que dejaron todos los gobiernos anteriores, incluyendo el propio primer gobierno de la Presidenta. La sensación de estancamiento es la mayor de este siglo y supera en más de 10 puntos al momento pesimista que se dio en plena ebullición del movimiento estudiantil. Esto ayuda a explicar el bajo apoyo a la gestión de la Presidenta, y sin duda, la primera opción presidencial para Piñera, pese a que los votantes valoran más la honestidad y confiabilidad que la capacidad de gestión.

También duró un solo día la ilusión que el candidato mejor evaluado del oficialismo, Alejandro Guillier, estaba en estrecha contienda por la punta de la campaña presidencial. La encuesta lo mostró a mucha distancia del ex Presidente y solo se le acerca en segunda vuelta, por la sensación de antipiñerismo que se ha instalado antes el exceso de conservadurismo que se transpira en su campaña.

El mismo sentido del equilibrio que castiga al Gobierno por sus ensoñaciones y no estar en los temas cotidianos se convierte en una amenaza para el ex Presidente Piñera en segunda vuelta. La gente pareciera preferirlo como presidente por razones prácticas y no por que le tenga algún aprecio a él o a su agenda cargada a la derecha. De hecho, en la evaluación de personajes políticos, está en el cuarto lugar entre los candidatos presidenciales. Por más que sus adláteres hagan intentos de álgebra con los datos para demostrar la invulnerabilidad de su candidato, tiene un riesgo real en segunda vuelta de quedarse con el cotillón almacenado y los cargos de gobierno repartidos antes de tiempo. Como sabiamente dijo Cecilia Morel, la sensación de triunfalismo puede terminar jugándole una mala pasada.