Piñera sobre Guillier: "Se parece cada día más a Maduro"
Foto: Agencia Uno
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

Efecto Chilezuela

En muchos años más, cuando se pregunten los analistas cual fue el hito inicial que introdujo la posverdad en las elecciones chilenas, tendrán que recordar el tweet del ex ministro de cultura Roberto Ampuero, citando un inexistente apoyo de Maduro a Guillier. Que sea un escritor el que difunda tal disparate lo hace aún más sabroso, pues recuerda a las falsificaciones descritas por Umberto Eco en su novela el Cementerio de Praga, donde un infame escribidor inventaba documentos aparentemente verdaderos para provocar giros políticos.

El hecho político no está circunscrito al invento de Ampuero. La reciente diputada Erika Olivera en una conferencia de prensa declamó el guión que le hicieron en el comando, advirtiendo que íbamos a convertirnos en Venezuela si se cometía el error de no permitir el retorno de Piñera a La Moneda. Fue tan disciplinada en lo que tenía que decir la ex atleta, que no reparó que el gobierno con mayor agitación callejera desde que volvió la democracia fue justamente el de su candidato. Desde las redes sociales varios piñeristas, de manera coordinada transmitieron que hubo fraude en primera vuelta, con apoderados contrarios rayando votos, pese a que los nulos fueron muy bajos y que ninguna persona, salvo los vocales de mesa, toca los votos. También el propio Piñera se sumó a la fiebre de posverdad. En una actividad que podía haber cambiado la agenda al tener varios ex funcionarios de la Concertación apoyándole, se fue encima de Guillier, comparándolo con Maduro, en vez de mostrarse abierto y conciliador.

"La segunda vuelta para Piñera, en el escenario de voto voluntario, depende en buena parte de que los votantes del Frente Amplio se queden en su casa viendo televisión y twitteando contra el duopolio"

Tanta obsesión de la derecha con el país de las arepas como amenaza política ha sido bautizado en las redes sociales como Chilezuela, sustantivo que deberá ser incorporado al léxico político chileno como el tono que ha tomado la segunda vuelta. Más allá del absurdo evidente de comparar al reposado Guillier con el frenético e incendiario discípulo de Chávez, no queda muy clara la eficiencia de esta estrategia.

La segunda vuelta para Piñera, en el escenario de voto voluntario, depende en buena parte de que los votantes del Frente Amplio se queden en su casa viendo televisión y twitteando contra el duopolio. La estrategia de crear un escenario de izquierda versus derecha, sólo perjudica a Chile Vamos. En primer lugar, liquida el discurso de primera vuelta de construir un país de acuerdos y deja la mención a Aylwin en la franja como una gran farsa. Además de ello, genera una motivación adicional en quienes votaron por Beatriz Sánchez de volver a las urnas para derrotar ahora a la derecha verdadera, más allá de las oscilaciones de los dirigentes del FA. Si Piñera y sus tropas repiten una y otra vez que Guillier es de extrema izquierda, este grupo terminará por creerlo y simpatizar con él. Como diría Lenin citado por el ex presidente: miente, miente que algo queda.

En un escenario de segunda vuelta, con 14 puntos arriba de Guillier y el Frente Amplio dándose vueltas sin saber cómo administrar el enorme poder político que obtuvieron en las urnas, la calma era la estrategia ganadora. Piñera incluso en sus posturas físicas en televisión comunica todo lo contrario. Bien saben los expertos que el lenguaje no verbal transmite mucha información y genera realidades.

"Si alguien logra mantener la racionalidad en el comando de Chile Vamos, sería muy prudente que retirara los libros de Ampuero del escritorio de Piñera y en su lugar dejara una historia más antigua y sabia: la fábula de la liebre y la tortuga"

Lo lógico es que el candidato de la Nueva Mayoría debía correr contra el tiempo. No parecía fácil y por ello el comando del senador por Antofagasta ensayó sin éxito algunas técnicas para parecer amable al Frente Amplio, como colocar a candidatos perdedores en las elecciones pero que podrían funcionar como bisagras. Pero nada será necesario, pues el piñerismo le ha hecho el trabajo de convertir la elección en un plebiscito. Aquí, por primera vez, la excesiva tranquilidad de Guillier le ha jugado a favor. En contraste, quien debiera ir primero parece más desesperado y con ello le entregó la iniciativa a su contrincante, de quien nadie se acuerda que sacó 22 puntos, el peor desempeño de un aspirante de centroizquierda. Si alguien logra mantener la racionalidad en el comando de Chile Vamos, sería muy prudente que retirara los libros de Ampuero del escritorio de Piñera y en su lugar dejara una historia más antigua y sabia: la fábula de la liebre y la tortuga.