El estreno del Frente Amplio en la industria de los debates
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

El estreno del Frente Amplio en la industria de los debates

"Sánchez tendrá que tomar definiciones sobre si es una candidata de izquierda dura o es una versión remasterizada de la Presidenta Bachelet"

El miércoles, en el programa de TVN El Informante, el Frente Amplio logró un hito: por vez primera hicieron un debate televisado en un medio de difusión nacional y en un formato abierto al público, y no las tradicionales asambleas que constituyen su práctica política. Por vez primera se presentaron dos contrincantes distintos que actuaron según la teoría de juegos buscando ganar la primaria. Y lo que parecía que era un traje a la medida para consagrar a Beatriz Sánchez, se convirtió en una entretenida contienda. Aunque no se hayan atacado, causando el lógico asombro del conductor, que reflexionó por qué había dos contrincantes.

"Para la Nueva Mayoría el debate se convirtió en un incordio: se enteró por TV que es actor secundario en esta etapa de la campaña y los 7 puntos de rating implican más de 400.000 personas viéndolo"

El debate venía con calentamiento inicial. Un artículo de El Mostrador contaba con detalle los problemas internos dentro de la coalición de izquierda, y en especial los de los principales líderes con el sociólogo Alberto Mayol. Por otro lado, Alejandro Guillier -para tratar que en el debate se hablara de él y así soslayar los momentos rudos que le han tocado- criticó con acidez a Beatriz Sánchez, acusando al Frente Amplio de falta de gobernabilidad.

Los debates son actos comunicacionales donde se miden estrategias de los candidatos para lograr un cierto objetivo. La pregunta que habría que hacerse es si ambos lo lograron. En general los participantes en un debate tratan de mantener ellos control sobre la agenda y evitar las sorpresas. Y, por supuesto, no dejarse pautear. El objetivo del medio es generar un producto entretenido y muchas veces, como finalmente es televisión y necesita algo de elementos lúdicos, generar conflictos y ojalá tensión. Por ello la desazón de Juan Manuel Astorga ante la falta de House of Cards en el debate

Ninguno de los dos candidatos se dejó pautear. Ambos tenían un guión claro y lo cumplieron. En el caso de Sánchez su estrategia es agarrar los votantes en fuga desde la Nueva Mayoría. Si se mira los datos de la CADEM, prácticamente todas las semanas el senador Guillier pierde adherentes. Esos votantes deben estar en alguna parte y por ello Sánchez diseñó para el debate una perfecta y calurosa zona de confort para el bacheletismo. Incluso su propio discurso en ciertos momentos recordó el mítico discurso de El Bosque, donde la actual Presidenta llamaba a constituir una nueva mayoría política y social para hacer los cambios que Chile necesitaba.

La deliberada ambigüedad en algunos temas, y las posiciones de Estado que tomó, hablan de una candidata que está empezando a convencerse que no es descabellado que llegue a la Moneda, y por tanto tendrá que ser cuidadosa en sus promesas. Por ahora le funciona, pero en cierto tiempo más,  Sánchez tendrá que tomar definiciones sobre si es una candidata de izquierda dura o es una versión remasterizada de la Presidenta Bachelet. El riesgo de oscilar por un tiempo más largo de lo prudente es lo que algunos políticos están empezando a llamar "guillierización" y es un factor que debiera evitar la ex conductora de radio.

Por otro lado, Mayol cumplió su objetivo de volverse visible. De haber sido un sociólogo de tesis rupturista con chaqueta de cuero, la irrupción de Beatriz Sánchez y el ninguneo de los diputados de su coalición lo habían convertido en un sparring desconocido. En su aparición en televisión logró pasar completo su discurso, en especial su tren por todo Chile, que se está convirtiendo en el tótem de su campaña y siguió siendo rupturista, en especial por su tesis impopular y audaz sobre cómo solucionar los problemas con Bolivia.

Mayol apuesta a captar votantes más distantes de la política tradicional, incluso de la izquierda política, y el solo hecho que haya logrado recordación ya es una victoria. Su tarea será demostrar que sus ideas no son juegos de niños, ni apuestas al calor de una cerveza de a litro.

Para la Nueva Mayoría el debate se convirtió en un incordio. No solo por tener que enterarse por la TV que son actores secundarios en esta etapa de la campaña, sino que los 7 puntos de rating implican más de 400.000 personas viendo el debate pese a la hora y a la falta de polémica entre los contendores. Si la campaña del Frente Amplio prende y lleva una cantidad de votantes superior al millón de personas, la izquierda oficialista tendrá un problema con su público.

En el caso de Chile Vamos el estándar quedó planteado. El debate de ellos tendrá que ser incontrolado y con un formato parecido al de las elecciones francesas. Cualquier atisbo de tranquilidad en una coalición donde se han tratado de ladrones e ineptos será fatal para su propia credibilidad y electores. La gracia es que los candidatos se tienen más inquina entre ellos y por tanto es garantizado que quienes conduzcan el debate no se aburrirán, como pasó en El Informante.