El no relato de Guillier
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

El no relato de Guillier

En una reciente entrevista, el siempre lúcido senador Guido Girardi calificó al candidato Guillier como “un castigo a nosotros mismos” refiriéndose a la incapacidad de la coalición de gobierno de generar propuestas nuevas que puedan ser atractivas para los electores. Es una explicación plausible para la falta de relato, las oscilaciones y los múltiples pequeños conflictos en que se ha convertido la candidatura del senador por Antofagasta.

"El problema de fondo de Guillier no son las firmas, los notarios, Karol Cariola o los economistas setenteros que lo rodean; el problema principal es que no posee mensaje"

Dick Morris, el famoso estratega de Clinton solía decir que lo central en una campaña era el mensaje. Que éste fuera fácil de decodificar y explicar en pocas palabras para los electores. Si ese mensaje o relato era potente, se convertía en primordial y por tanto, más importante que el dinero invertido en la campaña, e incluso que la imagen.

A manera de ejemplo, en la primaria reciente, la campaña de Piñera tenía un relato claro y la campaña de Kast poseía en contraste, una imagen bien construida y unas piezas visuales de gran calidad para la televisión. Los números son claros respecto de cómo le fue a cada uno.

"En sus varios discursos se ven oscilaciones más propias de alguien que comenta la política, que de una persona que actúa en ella"

Ese es justamente el problema de fondo de Alejandro Guillier como candidato. No son las firmas, no son los notarios, no es Karol Cariola, o los economistas setenteros de los que se ha rodeado. El problema principal es que no posee mensaje, y su campaña se ha convertido en un No – Relato.

Todos los demás enredos y laberintos que lo rodean son derivados de este hecho fundamental. La razón de la escasez de relato se puede explicar por muchas razones. Sin duda que una de ellas es no haber pasado por una primaria y haber sido proclamado por el Partido Socialista sin más antecedentes que su popularidad por ser un rostro respetado y novedoso en una coalición desgastada, y un libro plagado de lugares comunes.

Una campaña de primarias lo habría obligado a construir un relato, como lo hizo Bachelet. Hay que recordar que el eje fundamental de la campaña de la Presidenta fue construida durante la primaria. Su discurso en El Bosque, donde planteó que quería construir una nueva mayoría para enfrentar la desigualdad y hacer un Chile más inclusivo, no solamente se convirtió en su relato, sino que cambió el nombre de la coalición política que la sustentaría en su campaña.

No hay en Guillier algún acto o discurso que permita vislumbrar qué es lo que piensa en su estrategia para llegar a la Moneda y gobernar. En sus varios discursos se ven oscilaciones más propias de alguien que comenta la política, que de una persona que actúa en ella. Un día se le escucha decir que si fuera francés votaría por Macron, y acto seguido su vocera acusa a buena parte de la coalición de centroizquierda que busca representar, de administrar el modelo de la dictadura.

Varias veces el propio candidato se ha manifestado alejado de los partidos políticos y, para contradecirse a sí mismo, configura un comando formado por militantes y son los partidos los que despliegan sus redes para juntar firmas, y paradójicamente inscribirlo como independiente. Por otro lado, plantea el coordinador de su programa -como una idea que se “coló”- la intervención en el mercado cambiario y pocos días después en una entrevista a un medio económico, un economista de su equipo vuelve a defender la intervención cambiaria, ante el silencio del candidato.

Y la lista puede seguir. La serie de oscilaciones del candidato Guillier -que a veces recuerda a Zelig, el personaje de Woody Allen que se mimetizaba con su entorno- ha desesperado a los partidos que lo apoyan y muestran a un candidato que no sabe qué hacer y a un entorno perplejo que actúa de manera reactiva mientras todas las semanas se desangra en las encuestas.

Es probable que pasada la necesaria calma después de la primaria, Piñera vuelva a reconstruir su discurso, esta vez para capturar a los sectores medios, y Beatriz Sánchez para ampliar la base de votación del Frente Amplio. En ese momento, la debilidad de Guillier no será estar fuera de la televisión y la vorágine, como fue en los días de la primaria, sino la falta de relato.