El último y más radicalizado Te Deum
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

El último y más radicalizado Te Deum

El Te Deum en la catedral evangélica es siempre el inicio de la serie de actividades protocolares de aniversario Patrio. En general suele ser una actividad con poca polémica y más bien de ensayo protocolar, pero esta vez la radicalización que se ha tomado el ambiente entre los actores políticos fue la clave. Curioso contraste además con la apatía política generalizada que amenaza esta elección presidencial.

Las imágenes no ocultan la justificada molestia de la Presidenta de la República, insultada a su llegada por la molestia de barras bravas opuestas a la recién aprobada ley que permite despenalizar el aborto en tres causales y, en especial, por presenciar un hecho inédito en la historia de los Te Deum: un candidato a diputado de la oposición ocupando el púlpito para sermonearla por su agenda valórica.

"Piñera, ahora como el candidato que encabeza las encuestas, dejó pasar una oportunidad valiosa de dar una señal de Estado y ponerse del lado de la dignidad presidencial"

Más allá de la molestia de la Presidenta y las acusaciones cruzadas que vinieron después, el Te Deum fue el escenario de  la aprobación tácita por parte del ex Presidente Piñera del mal rato que pasó la actual Mandataria. Piñera, ahora como el candidato que encabeza las encuestas, dejó pasar una oportunidad valiosa de dar una señal de Estado y ponerse del lado de la dignidad presidencial. El error le costará caro si vuelve a La Moneda, pues queda también sometido al mismo riesgo de ser ninguneado y humillado como lo fue el domingo 10 de septiembre la actual ocupante de La Moneda.

Muchos en el gobierno sospechan de una trama oculta para desprestigiar a la Presidenta. Las redes sociales oficialistas se llenaron de fotos del  orador y candidato acompañando sonriendo a Piñera. Según una fuente de La Moneda, citada en un artículo del diario digital El Mostrador, “los obispos le mintieron a La Moneda”, haciéndole creer un Te Deum juvenil reemplazado en el último momento por predicadores conservadores y barras acarreadas que le gritaban ramera a la Primera Autoridad de la Nación.

"Algunos en el oficialismo, secretamente se alegraron de la radicalización del Te Deum. Nada viene mejor para la operación legado que prepara el segundo piso una diatriba conservadora"

Algunos en el oficialismo, secretamente se alegraron de la radicalización del Te Deum. Nada viene mejor para la operación legado que prepara el segundo piso una diatriba conservadora que reclama por los supuestos cambios profundos que se hicieron en estos cuatro años. Si además viene de un grupo religioso, mejor aún. Y por cierto, para algunos sectores del ‘piñerismo’ que aspiran a ganar convocando a la derecha a las urnas y que la izquierda se coma entre sí, repitiendo el modelo Trump, también le viene de anillo al dedo esta estridencia. Los intereses de los conservadores duros y los apologistas del malestar del segundo piso coinciden en esto.

Nada de esto tiene que ver con la realidad del pueblo evangélico y su relación con Bachelet. En general la mayoría evangélica, como muestran diversas encuestas, tiene la filosofía política que plantea Mateo 22: 21, “Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” separando claramente su fe de los asuntos políticos. Contrario a lo que piensan los más febriles oficialistas, el mundo evangélico no es de derecha, y más bien tiene un comportamiento electoral similar al de sus vecinos de los barrios populares donde son mayoritarios.

Es cierto que en asuntos morales son más conservadores que el promedio, pero en su decisión de voto no influye en modo alguno su fe. La gran mayoría de las iglesias evangélicas, como bien constatan los parlamentarios de la Nueva Mayoría en sus campañas de terreno, prefieren dedicarse a sus propios asuntos que convertirse en agitadores políticos.

Además de ello, más bien han tenido en el tiempo simpatías por la Presidenta. Le reconocen su larga trayectoria en pos del trato igualitario entre todas las iglesias, y en las comunas donde hay alta presencia de dichas confesiones, Bachelet siempre ha tenido buenos resultados electorales.

Los estrategas de Piñera descubrieron hace poco ese nicho y con ello han ido a la conquista de ese mundo y construir,  ahora que la UDI no tiene la fuerza de antaño en sectores populares, una derecha mayoritaria más allá de las comunas pudientes. Quizá los aplausos que recibió el ex Presidente muestra que ha tenido algún éxito en ello, y en la ensoñación que siempre da el pequeño triunfo político olvidó su responsabilidad mayor de cuidar la autoridad presidencial.