La lucha por la herencia de Lagos, el profeta desterrado
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

La lucha por la herencia de Lagos, el profeta desterrado

No se apagaban las luces del idus de marzo que ocurrió en el PS con el ex Presidente Lagos y empezó la discusión de quién será el heredero de su legado.

Si no hubiera historia, y ni se supiera los datos de las encuestas antes de la bajada de Lagos en el PS, podría suponerse que Lagos tenía dos dígitos de intención de voto y que es mucho el capital a repartir. Desde el comando de Carolina Goic se lanzaron los anzuelos para ver qué podían pescar del laguismo. La incorporación de una ex ministra, que nunca estuvo en el comando de Lagos, fue presentada como la gran adquisición. La incorporación de un destacado abogado de la plaza conocido por intentar encarcelar periodistas que molestaron en su momento a autoridades de gobierno, trató también de ser pasado como una herencia del laguismo, pese a no haber evidencia alguna.

"Si en realidad los votantes del ex Presidente eran tan pocos, no debiera ser en modo alguno interés para nadie quién se queda con ellos"

Más estrambótico aún fue un documento que presentó Felipe Kast con las coincidencias de sus ideas con el programa de Lagos. La agresión que sufrió después no hizo lucir aquellos símiles, pero quedó en la retina su intento de apropiarse del documento del ex Presidente.

¿Cuál es la lógica política que hay detrás de buscar apropiarse del electorado laguista? ¿Por qué despierta tanta pasión y hay entre los candidatos tanto intento de parecerse a Lagos? Si en realidad los votantes del ex Presidente eran tan pocos, no debiera ser en modo alguno interés para nadie quién se queda con ellos.

La verdadera razón es que Lagos ofrece un sello de responsabilidad política muy necesario en estos días. Su equipo centró sus días en escribir un programa realizable, mientras que el resto de los candidatos todavía se debate en la tormenta de ideas, antes de ofrecer algo real, calculable, medible y verificable. El testimonio político laguista es un buen tesoro del cual apropiarse y vestirse de seriedad.

Un tema que aparecerá en una campaña donde ningún candidato marca más de un 30% va a ser el de la gobernabilidad. El fantasma de ella los persigue a todos los candidatos de distinta manera. En el caso de Piñera, si será posible encontrar un espacio político donde sea factible su agenda de contrarreformas, siendo que es conocido que la gente se resiste a perder aquellos beneficios que ya han obtenido o que lo ven como muy cercanos. Léase claramente gratuidad y también los aportes familiares permanentes. Ossandón -si es que logra la hazaña de ganar la primaria- tendrá que domesticar a una derecha que lo desprecia con la misma pasión que en el pasado lo hacía con Piñera.

En el caso del Frente Amplio todavía está en el espacio del país que se sueña, sobre el que es posible. Si bien la candidata Sánchez ha buscado lentamente aterrizar sus propuestas, muy bien asesorada por la economista Claudia Sanhueza, con historia en el comando de Bachelet, tendrá dura tarea si quiere pasar a segunda vuelta y no ser sólo testimonial.

Los candidatos de la Nueva Mayoría, que siempre tuvieron a su haber la gobernabilidad, dejan mucho que desear al respecto. Ni siquiera fueron capaces de construir un acuerdo para hacer primarias y estar en la pantalla de la TV al par de sus contendores de izquierda y derecha. Y tampoco pareciera que los senadores Guillier o Goic tuviera capacidad de liderar una reconstrucción de los ánimos en la Nueva Mayoría. Y en sus tropas hay más deseos de separar más las aguas que de volver al mismo techo. Para complicar más aún, el candidato Guillier se empecina en diferenciarse de los partidos que lo apoyan, abriendo incertezas por doquier sobre realmente qué piensa  y qué hará el ex presentador de televisión si es que llega a La Moneda. La senadora Goic busca diferenciarse de la actual administración de la que forma parte, abriendo también las dudas respecto a qué hará entonces cuando sea presidenta.

En este escenario, donde nadie parece ser el dueño de la gobernabilidad, desde el Walhalla político, el ex Presidente Ricardo Lagos se convierte en un referente anhelado. Aunque haya tenido pocos votantes, aunque su propio partido socialista lo haya negado.