Miami Vice
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Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

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Para entender los vericuetos judiciales de la crisis de Carabineros y Fiscalía por la llamada operación Huracán hay que construir un verdadero laberinto, debido a que se distorsionaron totalmente las jerarquías establecidas por la ley. Los enredos que, en buena parte, han venido por la decisión final de La Moneda de respaldar la insubordinación de Villalobos, y aceptar el empate con el Ministerio Público, hacen difícil ver por dónde se resolverá esta crisis. Pero en la deducción final, Carabineros es una institución subordinada a los poderes judiciales y al gobierno, y no un mini Estado independiente. Y ha actuado como esto último. En las declaraciones del ministro del Interior, donde dijo que nunca se había hablado de renuncia, se podía respirar su molestia en ejercer las instrucciones recibidas de proteger al general Villalobos

La ida intempestiva a Miami del protegido, que provocó una profunda molestia en La Moneda, obligando a la Subsecretaría del Interior a hacer un comunicado citándolo de vuelta, ahora resulta que fue informada al ministro. Por otro lado, el gobierno pide que el caso se mantenga abierto solicitando nuevas diligencias como son solicitudes a empresas internacionales proveedoras de mail. Como es probable que dichas respuestas se demoren, con ello se aspira a mantenerlo abierto hasta que lleguen las nuevas autoridades. Pero, si resulta que los whatsapp son falsos, ¿qué fiabilidad pueden tener otras pruebas? Para quienes ven televisión, esto es más que un laberinto institucional. Es una crisis en el tema de seguridad pública, con efecto en las personas. Más aún, si aumenta en estos días la violencia en la IX Región, quedará siempre la sensación que el gobierno prefirió los juegos de ingenio para proteger a Villalobos que establecer el imperio de la ley.

"El viaje a Miami es también la prueba de cuan seguro se siente Villalobos en el cargo con las actuales autoridades"

Todo este tinglado, en el cual La Moneda trató de meterse como árbitro cuando su rol es hacer respetar las instituciones, ha manchado la cuidadosa operación de despedida que se había armado para Bachelet. Cada gira e inauguración que ha realizado la Presidenta, ha quedado en segundo plano ante el interés mediático de la crisis con Villalobos, que ya lleva una semana y promete extenderse hasta el 9 de febrero, día de la audiencia para discutir el cierre de la Operación Huracán. Si ese día los tribunales le dan la razón a la Fiscalía, el gobierno quedará en el soberano ridículo tratando de ganar tiempo pidiéndole datos a Yahoo o Google.

El viaje a Miami es también la prueba de cuan seguro se siente Villalobos en el cargo con las actuales autoridades. Pese a que bajo sus narices ocurrió el mayor fraude fiscal de la historia, sigue con respaldo de la propia Presidenta y en Interior se han tenido que tragar la manifiesta incomodidad con el general mimado. La misma mandataria que echó a su ministro del Interior en un programa de Don Francisco y le quitó piso a su ministro de Hacienda por defender una inversión privada, dice ahora refiriéndose a Villalobos que “hay que pensar en las personas”.

Cuando las cosas no son claras, y la verdad no aparece, las audiencias rellenan los espacios vacíos con sus propias historias. Es probable que entonces circulen muchas leyendas sobre el poder mágico del General Villalobos que se da el lujo de humillar al Ministerio del Interior, mientras éste trataba de bajarle el perfil a la crisis, y logra que el gobierno persevere en una causa llena de pruebas falsas.   

Y al igual que hace un año con los incendios forestales y las vacilaciones de La Moneda sobre el Supertanker, ahora se les vuelve a enredar febrero. Si el gobierno renuncia a imponer el Estado de Derecho en las postrimerías de su mandato, el legado no será un gobierno reformista, sino uno con muy buenas intenciones, pero que, en los momentos de crisis, opta por la vacilación en vez de ejercer el poder.