Elecciones 2017: Sigue el minuto a minuto de las votaciones
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

Participación electoral: la incógnita que decide

El desprestigio de las encuestas, mezclado con la extraña prohibición de publicarlas ha hecho que se navegue en un ballotage de alta temperatura sin tener termómetro alguno. Muchos analistas que poblaban las páginas de los diarios haciendo pronósticos o mostrando sus modelos para predecir resultados, hoy guardan silencio ante el bochorno que significó equivocarse.

Los comandos han transmitido una y otra vez que el resultado será reñido. Ese mensaje no tiene que ver con los datos que pudieran tener, sino corresponde a una estrategia comunicacional para estimular la participación de adeptos. Cada voto vale, y por tanto es necesario transmitir cierta tensión. Los medios, a falta de encuestas, y sin nadie que quiera predecirle un resultado se han subido a esta percepción. Es atractivo, pues la tensión vende titulares.

Pero hay un guarismo que nadie se atreve a siquiera insinuar: la participación. El error del votante probable, concepto inventado para despejar el efecto abstención en los pronósticos electorales,  hizo que el temor se apoderara de la futurología.

"La cantidad de personas que va a ir a votar decide la elección. Si tomamos un extremo de baja participación con 5 millones y medio de personas, Piñera con sus votos y los de José Antonio Kast tiene ya La Moneda en su mano"

En una entrevista reciente a The Clinic, Juan Enrique Forch; alter ego del candidato Guillier, volvió sobre sus encuestas secretas y aparentemente certeras sin mencionar cuánta gente irá a votar. Algo similar ocurre en el comando de Piñera, donde los voceros transmiten cierto optimismo, pero no percepciones sobre participación en las urnas.

Resulta que la cantidad de personas que va a ir a votar decide la elección. Si tomamos un extremo de baja participación con 5 millones y medio de personas, Piñera con sus votos y los de José Antonio Kast tiene ya La Moneda en su mano. En el otro extremo, si votaran cerca de siete millones, los números serían mucho mejores para Guillier que ha tenido mejor desempeño en segunda vuelta y ha logrado instalar el antipiñerismo en la agenda.

También, como el voto es voluntario, puede producirse una recirculación de votantes. La derecha ha apostado a algo así con la estrategia de 1+1, consistente en que cada piñerista convenza a alguien más y lo lleve a sufragar. También el gobierno piensa que el mejor desempeño de La Moneda podría persuadir a personas que no estuvieron en la primera vuelta a ir a votar para evitar un desmantelamiento de la agenda reformista.

El guillierismo se juega la vida con la participación. Por ello su estrategia se ha centrado en convertir la segunda vuelta en un plebiscito sobre Piñera, pues sabe que el ex presidente no cuenta entre sus fortalezas la simpatía. Ha tenido la inesperada ayuda del mismo candidato de Chile Vamos, que ha extremado su lenguaje virulento y se ha peleado con medio mundo. Solo al final se ha dado cuenta de sus errores y en el debate dejó en casa, junto con el gigantesco reloj rojo, todo el enojo.

"En privado circula el dato que la asistencia a votar podría ser ligeramente superior al 40%"

Tampoco hay de las segundas vueltas anteriores algún dato certero que permita hacer predicciones. La única que tuvo voto voluntario fue la anterior y en esa, la derecha se quedó en casa para no pasar vergüenza en las urnas. Otro indicador es el alto rating que tuvo el debate ANATEL. Aunque esto no garantiza necesariamente participación, pero si el rating hubiese sido bajo, el interés de participar el próximo domingo habría sido menor.

Aunque no puede haber datos públicos, en privado circula el dato que la asistencia a votar podría ser ligeramente superior al 40%. Esto implica que sería muy parecido a la primera vuelta. Si se cumple esa predicción, entonces serán ciertos los escenarios de pelea por pocos votos que transmiten los dos comandos.