Renunciaron a ejercer su influencia
Opinión
Carlos Correa Carlos Correa
Académico y consultor en Opinión Pública

Renunciaron a ejercer su influencia

En uno de los tantos incómodos desfiles de ministros de la administración actual, que por instrucciones superiores fueron a rendirle cuenta al Presidente electo, éste mandó un mazazo de proporciones a sus partidos, criticándolos por la baja calidad de postulantes que entregaron para el nuevo gabinete.

Piñera, molesto por las listas que parecían premios de consuelo de las pasadas elecciones parlamentarias y arreglos internos en las cuotas de poder de los partidos de derecha, les dijo claramente que habían renunciado a ejercer su influencia. Para los partidos, que se habían puesto servilletas y había afilado los tenedores para entrar de asalto al Estado, las declaraciones fueron un verdadero aluvión de agua fría.

¿Qué implica esto en concreto? La primera señal de su enojo es que el Presidente elegirá él su comité político y dejó claro que se rodeará de su círculo de hierro formado por Cecilia Pérez, Andrés Chadwick y Gonzalo Blumel. Los tres juegan de memoria y demostraron bastante habilidad complementaria durante la campaña y el período previo de la fundación Avanza Chile. Funcionan como una triada donde cada uno tiene su especialidad, Pérez con los medios, Blumel en la ingeniería interna, y Chadwick en la capitanía política.

"Los partidos de derecha, si no se sienten satisfechos con el gabinete pueden convertirse en un verdadero incordio y las carpetas con antecedentes de todo tipo de los nuevos ministros puede circular por medios y redes sociales"

Piñera, previendo quizá el ejercicio de LinkedIn que se iba a convertir la peregrinación de los partidos, en una operación que ha pasado inadvertida, hizo que Blumel entrara a Evópoli  y así puede armar un comité político donde estén militantes de  los tres partidos grandes de la derecha en La Moneda. Con eso, el ex operador de la Bolsa, se compró un seguro y así podía anular la tentadora posibilidad que tenía la derecha de mandar a algún senador a instalarse en el comité político. Si hay un damnificado de tal operación fina es, sin duda, Andrés Allamand, que suele parecerse al Camilo Escalona de hace cuatro años, que pese a las pujas no logró entrar al comité político de entonces.

Este modelo tiene otro parecido al primer gabinete de Bachelet. En ese tiempo la Presidenta privilegió colocar a quienes eran sus más cercanos en La Moneda, respetando los equilibrios políticos. Debido a que Javiera Blanco no era militante de la DC y para evitar una pataleta de ese partido, la Presidenta la reemplazó por Ximena Rincón en la Segpres. De todas maneras, ardieron las antorchas en la DC y quizá ese sea el inicio del quiebre de ese partido con la Nueva Mayoría.

En el caso de Peñailillo, mientras mantuvo la confianza de la Presidenta, los reclamos de los excluidos eran de bajo tono. Cuando estalló el caso Caval y sus opositores dentro de los partidos políticos se dieron cuenta que la pugna con el hijo de la Presidenta implicaba una pérdida de su enorme poder filtraron todo lo que encontraron de su historial económico, y así le facilitaron a Bachelet la salida de su ex delfín.

A Piñera también puede pasarle lo mismo. Los partidos de derecha, si no se sienten satisfechos con el gabinete pueden convertirse en un verdadero incordio y las carpetas con antecedentes de todo tipo de los nuevos ministros puede circular por medios y redes sociales. En esta época de cacería de brujas en que se ha convertido la política, cualquier antecedente negativo va a prender rápidamente. El Frente Amplio se encargará de convertir en un asunto moral las operaciones y rencillas de otras coaliciones, como ocurrió en la reciente pugna Zaldívar – PS.

En el futuro Parlamento, donde Chile Vamos necesita negociar, no se puede perder ni un voto y rebeliones oficialistas con operaciones contra ministros designados tendrán alto costo para la futura Moneda. Por ello, Piñera tendrá que moderar su enojo y equilibrar su propio interés de tener un gabinete funcional, con dejar contentos a sus partidos.