¿Federación socialcristiana?

¿Federación socialcristiana?

Uno de los prejuicios más funestos y extendidos, tanto fuera como dentro de la centroderecha, es la reducción de su pensamiento a ciertas posiciones económicas liberales, acompañadas de visiones sobre moral sexual, sea de tinte conservador o liberal. Con esta reducción se desconoce el hecho fundamental de que la centroderecha chilena ha contado a lo largo de su historia con tradiciones diversas, mucho más ricas y sofisticadas que la versión reducida que se pretende mostrar de ella. El sector cuenta, entre las vertientes que lo nutren, al menos, al liberalismo laico, al pensamiento nacional, al liberalismo cristiano y al socialcristianismo.

Ya antes de Rerum Novarum, Abdón Cifuentes, el líder del Partido Conservador, venía actuando con organizaciones de trabajadores. Esas labores continuaron en un ejercicio teórico y práctico que decanta en “Cuestiones obreras”, de Enrique Concha, las primeras leyes sociales y la fundación de la Federación Obrera de Chile, por los conservadores Emilio Cambié y Pablo Marín. 

Más tarde, son jóvenes conservadores, entre ellos el intelectual probablemente más relevante del siglo XX en Chile, Mario Góngora, los que forman la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos. Ese será el semillero de la Falange Nacional, posterior Democracia Cristiana. 

Y la historia sigue: los antiguos conservadores terminaron fusionándose con sectores nacionales, agrario-laboristas y liberales en el Partido Nacional. Ante las inclinaciones totalitarias del gobierno de Allende, nacionales y demócrata-cristianos formaron la Confederación Democrática y articularon, desde calles, usinas y universidades, una oposición eficaz a la Unidad Popular.

Respecto a la ideología, antecedentes remotos del socialcristianismo se hallan en Aristóteles y Tomás de Aquino, y ya se puede ir percatando uno de la riqueza de esa tradición de pensamiento. Von Ketteler, el obispo tras Rerum Novarum, fue formado por autores románticos alemanes: von Savigny y Görres. 

Dos principios son fundamentales al romanticismo y se plasman en la Doctrina Social de la Iglesia. De un lado, la idea de integración: no ha de haber partes sin todo; los miembros del pueblo deben encontrar reconocimiento en la unidad política. De otro lado, la de división del poder o las autonomías sociales: el todo no puede pasar por sobre las partes; tanto el individuo como las agrupaciones sociales deben gozar de campos de libertad, independientes de los dictados del gobierno de turno. En definitiva, se trata de mantener en un equilibrio dos principios que se encuentran en tensión: hacia la reunión y la dispersión. Esta intención se expresa en la idea de la sociedad en analogía con un organismo, donde de la riqueza y vitalidad de las partes depende la riqueza y vitalidad del todo y viceversa.

El pensamiento socialcristiano queda opuesto, así, tanto al extremo economicista, que reduce los vínculos sociales a un mercado asentado sobre un aparato policial, cuanto al extremo asambleísta, que reduce al ser humano a su esfera público-deliberativa, desconociendo, en todo o parte, la esfera de libertad que es requerida por el despliegue de su vida interior y sus lazos más íntimos.

Si la centroderecha es entendida en la versión reducida en la que algunos, tanto dentro como fuera de ella, la conciben, cual economicismo salpicado de moral, nada de raro es, entonces, que los falangistas o ex-falangistas miren con una mezcla de desconcierto y espanto la idea del senador Francisco Chahuán de formar una federación socialcristiana. Pero si se mira, en cambio, la historia, se repara en la riqueza ideológica y política que acusa el sector, se atiende a su tradición socialcristiana y, dentro de ella, a la vez, a la sofisticación y pertinencia de su pensamiento; si se considera, además, la existencia de un efectivo y vigoroso tronco común entre las dos ramas del socialcristianismo -una, más a la derecha; más a la izquierda, la otra-, entonces la vinculación de sectores socialcristianos allende y aquende Chile Vamos, propuesta por el senador, no es sólo razonable. Dada la articulación de una nueva izquierda enfrentada, en algunas de sus vertientes, a principios básicos del socialcristianismo e incluso del republicanismo, tal vinculación luce ser una exigencia mayor del momento presente.


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