Carabineros de Chile
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Opinión
Jorge Schaulsohn B Jorge Schaulsohn B
Abogado

Consuelo de tontos

La palabra más usada y abusada por los chilenos  es “crisis”; vivimos en constante crisis. Crisis de representatividad, de credibilidad, de gobernabilidad de institucionalidad, de moralidad, de la educación, la política, la justicia y la religión. En medio de tanta crisis vale la pena  preguntarse cómo es posible que el país funcione, que la gente trabaje, se divierta, invierta, se reproduzca, compre automóviles, casas, salga a vacacionar. Un personero de la derecha empresarial acaba de decir que Piñera recibe el país tras un segundo terremoto, comparando la administración de Bachelet con la tragedia del 27/F del 2010 que destruyó casi 300.000 viviendas, autopistas, escuelas y hospitales. Otro desde  de la izquierda nos advierte que si no se hacen los cambios que ellos quieren y como ellos quieren se producirá inevitablemente la explosión social.  En esto los ciudadanos comunes y corrientes no se quedan atrás. El otro día vi en la tele una jauría enardecida apedreando el tribunal de garantías y rompiendo los cristales de los vehículos de Gendarmería al grito de la “justicia es una mierda”; decidí prestar atención a la noticia cuyas imágenes se repetían en todos los canales y descubrí que se trataba de una asesinato y abuso  atroz de una menor, presuntamente cometido por su padre biológico, que en esos momentos era formalizado y dejado en prisión preventiva.  Me pregunté entonces, ¿por qué gritan que la “justicia es una mierda” si acababan  de detener y meter preso al presunto autor del crimen? ¿Qué más podían esperar? En otra esfera de nuestra cotidianeidad leo a un destacado profesor de derecho arremeter con furia contra el Tribunal Constitucional acusando a sus ministros de activistas vendidos porque a él no le gustó un fallo, pese que hace pocos meses alegó ante los mismos activistas vendidos a favor del aborto y su postura ganó.

"En la práctica de la crisismanía se mezclan la política, la ignorancia, la demagogia y la farándula"

La “crisismanía” ha alcanzado un nivel inédito con el descubrimiento de que Carabineros de Chile habría manipulado evidencias en la llamada Operación Huracán para inculpar a ciudadanos  mapuches acusados de cometer actos terroristas (algunos de los cuales lideran una organización que se los atribuye reiteradamente, si bien es cierto con otro nombre). En el fragor de las denuncias  se olvida que el hecho se conoció justamente porque nuestro sistema penal-lejos de ser “una mierda” y de estar en crisis, funciona. Fueron las salvaguardas de un sistema procesal penal garantista lo que permitió que los tribunales superiores de justicia, a petición de defensores públicos calificados, liquidaran la Operación Huracán; todo ello mucho antes de que se denunciara la manipulación. Y, sin embargo, muchos de los que hoy apuntan con el dedo a Carabineros (con razón en mi opinión) ayer reclamaban contra la justicia garantista por dejar en libertad a los imputados y gritando a los cuatro vientos “la justicia es una mierda” por sobreseer “terroristas”, trayendo a colación el caso Bombas y el juicio anulado del caso Lushsinger.  En esta vuelta, cerraron filas con el Ministerio Público, el mismo que el otro día vilipendiaban (una muestra de aprecio  tal vez por la suspensión condicional de Moreira que rehabilitó el voto que faltaba para impedir la modificación del Capítulo XV de la Constitución). Fueron los parlamentarios que legislan mal y trabajan poco, según repiten todos los días muchos opinólogos en sus programas de radio, los que  terminaron con un sistema penal corrupto, lento, oscuro y arbitrario manejado por actuarios inescrupulosos.

En la práctica de la crisismanía se mezclan la política, la ignorancia, la demagogia y la farándula. En el episodio de la pruebas falsas el fondo del asunto-árido y difícil de entender y explicar en los “sound bites” de la tv -se puso el acento en un hecho irrelevante pero vendedor;  las vacaciones del General Director. Primero se cuestionó  como si fuese un delito de lesa humanidad que el oficial hiciera uso de su feriado legal (cuando se fue el escándalo de la manipulación no se conocía). Acto seguido de relevo el que se hubiese  tomado todos los días que según él la Ley Laboral le correspondían y, la guinda de la torta, que se hubiese ido a Miami a viajar en un crucero. A su regreso forzado fue recibido por un coro de peticiones de renuncia inmediata por  moros y cristianos; los periodistas  lo esperaban ansiosos para cuestionarlo por su atrevimiento (después intentaron hacer lo mismo con el Chino Ríos pero ahí les salió el tiro por la culata).

Lo cierto es que el sistema está funcionando como debe; cuando se produce un ilícito como lo es sin duda la manipulación de evidencia por la policía operó el sistema, se revisó la situación procesal de los afectados dejándolos en libertad y se inició una investigación. ¡Qué más se puede pedir! ¿Que no sucedan cosas malas o irregulares nunca? Basta mirar el espectáculo que está brindando la principal potencia del mundo, cuna de la democracia y transparencia donde su Presidente y el partido que lo apoya están embarcados  en una campaña de desprestigio contra el FBI y la CIA solo para proteger al Presidente de una investigación por colusión con agentes de una potencia extranjera enemiga para manipular el resultado de la elección presidencial. Sí, ya sé lo que están pensando: Mal de muchos, consuelo de tontos. Pero en este caso, ver que cosas mucho peores ocurren en un país baluarte de la democracia y la legalidad, al menos para mí, es consuelo más que suficiente.