El momento Maduro de Michelle Bachelet
Foto: Agencia Uno
Opinión
Jorge Schaulsohn B Jorge Schaulsohn B
Abogado

El "momento Maduro" de Michelle Bachelet

Desde el mismo día de su derrota la izquierda y el gobierno han buscando una explicación exógena para el inesperado y apabullante triunfo de  la coalición de derecha encabezada por Sebastián  Piñera; una razón para seguir pretendiendo que el veredicto inapelable de la ciudadanía no implicaba un  repudio  a su agenda refundacional. A lo que eufemísticamente se ha llamado el “legado” de Bachelet y cuya defensa representa el único marco teórico que puede sustentar la mantención en el tiempo de una mal llamada coalición de “centro izquierda” que vaya desde la DC al Frente Amplio.

Para la izquierda resultaba imposible asumir la derrota como rechazo a reformas que  dogmáticamente considera beneficiosas  para la población; que la adhesión de los chilenos al modelo de desarrollo basado en la economía de mercado, globalizada y consumista era mucho más sólido de lo que imaginaban ; que a los padres no  les gusta que sus hijos corran el riesgo de tener a un “Cizarro” como compañero; y que la oferta de gratuidad universal (incluyendo a las universidades privadas) no fuera suficiente como para garantizar el triunfo, o al menos un resultado milimétrico como el que esperaban. Ensayaron muchas teorías. Que la ciudadanía había respaldado las reformas porque Piñera  había hecho suya la gratuidad (empujado por Ossandón), que  se asustó a la gente con la consabida campaña del terror englobado en el eslogan “Chilezuela”, que el voto voluntario favoreció  a los más ricos, que ganó gracias a las comunas del barrio alto y  que las masas  eran arribistas (tesis de los fachos pobres) y, la excusa favorita, que la manipulación de las encuestas hizo que los partidarios  del gobierno, alicaídos por los pronósticos de la CEP y el bombardeo semanal  y mal intencionado  de Cadem se quedaran en la casa.

"Hoy la noticia ha sido desacreditada completamente por el Banco Mundial y hasta por su autor y uno esperaría que quienes hicieron declaraciones altisonantes se retractaran; pero la campaña no ceja; ahora se habla de las presiones que habría recibido el pobre funcionario"

Y en eso estábamos cuando apareció  la entrevista del alto personero del Banco Mundial en el Wall Street Journal  pidiendo excusas a Chile por la manipulación premeditada y políticamente motivada del índice de países atractivos para  invertir  y que nos habría hecho caer bruscamente en la tabla de posiciones.

Imagino las caras sonrientes en La Moneda, los asesores subiendo agitados, exultantes  al segundo piso tocando las campanas a arrebato. Las reuniones en el despacho privado de la mandataria. Deben haber sentido que se sacaron la lotería. Justo lo que recetó el doctor. Unas declaraciones bombásticas, nada menos que de un destacado economista de alto rango del BM mencionado  como candidato al Nobel y publicadas en el  WSJ, periódico emblemático del capitalismo universal.  El puntapié inicial de la campaña lo lanzó la propia Presidenta vía Twitter, lo que refleja la importancia vital que le asignaron sus cercanos al episodio, denunciando este atentado contra la patria. De atrás vinieron los voceros sugiriendo colusión entre Piñera y el BM con fines electorales.  Lanzaron al ruedo al embajador en EE.UU., J.G. Valdés,  quien dijo con tono solemne  que pediría explicaciones; y al mismísimo ministro de Hacienda hablando de grave perjuicio causado a nuestra economía. Sin esta conspiración sabe Dios cuanto habría sido la tasa de crecimiento se preguntaban. A los parlamentarios les tocó el trabajo sucio: Acusar  directamente a la derecha de planificar la “traición” a través de sus personeros que tenían participación en el Comité o eran informantes. El resto de pega la hicieron periodistas; ni se molestaron en chequear la información  o esperar  que decantara; se lanzaron con todo a editorializar sobre cómo se había buscado, exitosamente, beneficiar a Piñera y contribuido a la derrota de Guiller. Naturalmente, se abstuvieron de cuantificar el impacto preciso en votos, porque para que una mentira funcione es vital no exagerar demasiado.

Nunca comulgué con lo de “Chilezuela” porque que era una distorsión mal intencionada de nuestra realidad impulsada por la ultra derecha; tampoco creo que se pueda confundir la  dictadura chavista con un gobierno democrático como el nuestro (aunque en su seno y en la Nueva Mayoría  hay partidos y personas  chavistas). Pero, la utilización maliciosa que se hizo de este episodio para deslegitimar el triunfo de Piñera y salvar el “legado” de Bachelet tiene todo los ingredientes de  las maniobras y mentiras a las que Nicolás Maduro nos tiene acostumbrados. Un tufo intenso a su “guerra económica”  con que el chavismo  trata de explicar porque hay hambre en su país. Triste que, a pocos meses de dejar el poder el gobierno y la Nueva Mayoría hayan recurrido  a tácticas que nos acercaron a “Chilezuela”.

Hoy la noticia ha sido desacreditada completamente por el Banco Mundial y  hasta por su autor y uno esperaría que quienes hicieron declaraciones altisonantes se retractaran; pero la campaña no ceja; ahora se habla de las presiones que habría recibido el pobre funcionario.

Después de este episodio, no quiero ni imaginar la arrogancia con que la Nueva Mayoría se habría comportado ante el triunfo de Guiller, la aceleración exponencial  del proceso de reformas, la soberbia de la ultra izquierda. El alud habría sido imparable. Qué bueno que voté bien!!