Muera el Roto Quezada
Opinión
Jorge Schaulsohn B Jorge Schaulsohn B
Abogado

Muera el "Roto Quezada"

Creo que son muy pocos los que hasta la semana pasada habían oído hablar del Consejo de Asignaciones Parlamentarias, que define y supervisa los recursos de que dispone el Congreso para financiar los gastos relacionados con la función de los diputados y senadores en materias tales como asesorías legislativas, traslado, oficinas, secretarios, etcétera. No es un trabajo a tiempo completo, sino que se reúnen varias veces al año para fijar políticas y adoptar las medidas necesarias para el correcto uso de esos recursos. No son empleados del Congreso ni funcionarios públicos. Sus integrantes son designados por un quórum calificado tanto de diputados y senadores, duran cuatro años en sus cargos y perciben una remuneración de un poco más de $2.000.000 al mes.

Eso era hasta la semana  pasada, porque hoy todos son expertos en la materia. Las redes sociales, los periodistas opinólogos, los noticiarios estelares y matinales han estimado indispensable tomar partido y pontificar sobre el tema, dándole contornos éticos y morales como si se tratase del debate sobre una nueva Constitución. El tema se masificó. Hoy en un en un ascensor de un edificio del centro de Santiago ese era el tema de conversación y el veredicto unánime:  “Muera el Roto Quezada”.

No hace tantos días el “Roto Quezada” era una ilustre figura pública, artífice de la transición, primus inter-pares en el Senado, de impecable trayectoria, que había derrotado al héroe de los noventa en una ajustada campaña senatorial por la Región Metropolitana, precandidato presidencial de su partido y que después cayó a manos de Girardi solo para resucitar como el ave Fénix dejando a Jaime Gazmuri  (PS) fuera del Senado  cuando nadie daba un chaucha por él. En la dictadura luchó con valentía por los derechos humanos, lo que pagó con el exilio como muchos de sus camaradas.

"Habría sido mejor salir por la puerta ancha"

Si un extranjero de visita en Chile que no conoce nada de nuestra historia hubiese visto CNN Chile en su habitación de hotel, seguramente se preguntará qué clase de delincuente es ese señor Zaldívar, que desafiando la voluntad popular recientemente expresada quiere quedarse en el Senado por cuatro años más.

Yo me pregunto, ¿qué nos pasa en Chile que una persona honorable que ha dedicado su vida al servicio público es capaz de suscitar  tanto odio? ¿Cómo es posible que su designación como miembro del Consejo de Asignaciones amerite que un diputado socialista salga en estado manifiesto de excitación a buscar las cámaras a las puertas del hemiciclo para denunciar tamaña aberración y  que otro dé por terminadas las conversaciones para formar la mesa de la Cámara? Con qué derecho, se preguntaban, se ignora el mandato de la ciudadanía que lo dejó fuera del Senado, como si perder una elección fuese equivalente a una sentencia de muerte sobre todo cuando ahora hay muchos parlamentarios electos con un tercio de los votos que sacó el “Roto Quezada”.

En mi época  este Consejo no existía. No era necesario porque los parlamentarios no tenían ni un octavo de las granjerías de las que hoy disfrutan y que, lamentablemente, hacen necesaria la existencia de un órgano fiscalizador. Teníamos un celular, cuatro pasajes en Lan al mes, dos secretarios y una sede. Nada de asesorías millonarias copy-paste, ni asignaciones para arriendo de autos con chofer. Solo el Secretario de la Cámara y los miembros der la mesa tenían automóvil oficial. Se soltaron las trenzas y se dispararon  los gastos. Esa es la raíz del problema. El cuoteo en el Consejo es visto, con razón, como una forma de domesticarlo poniendo a su cargo personas “de la casa”  y comprensivas con los enormes sacrificios que significa ser parlamentario. El Consejo debería ser designado por concurso público abierto, integrado por personas que respeten la función parlamentaria, pero que tengan la suficiente  independencia para decir NO! Lamentablemente, nuestros legisladores no tienen la madurez para enfrentar el problema y resolverlo  de raíz. Tampoco nuestros líderes de opinión dedicados a avivar la cueca azuzando a la opinión  pública con sus comentarios hirientes y sus chistes utilitarios; la que desinformada por ellos sale a buscar al “chivo expiatorio” del día.

Si Andrés Zaldívar me hubiese pedido un consejo le habría dicho que no se metiera en las patas de los caballos, que el horno no estaba para bollos, que un hombre de su edad, prestigio y buena situación, tras perder una elección y una brillante carrera, debía irse para la casa. En el país de las caras nuevas, en la época del multi-tasking, de la gratificación instantánea  y de la inteligencia artificial nadie siente simpatía por un personaje de 80 años  que aún  se siente con ganas de aportar.

Habría sido mejor salir por la puerta ancha.