La sobrevaloración de la franja electoral

La sobrevaloración de la franja electoral

Había muchas expectativas acerca del real impacto de la franja electoral en el marco del actual y creciente proceso de despolitización. También se ha especulado mucho acerca del efecto en los partidos del oficialismo en clave política electoral por su ausencia de la franja. Recordemos que tanto Chile Vamos como el Frente Amplio han buscado infligir una derrota mediática a la Nueva Mayoría por haberse restado de participar de las primarias. Lo anterior, ha sido interpretado por ambos bloques como resultado del agotamiento y deterioro del animus societatis de los partidos de la coalición en el gobierno.

A juzgar por los datos no parece estarse dado ni lo uno ni lo otro. Si bien es cierto un número importante de chilenos ha visto la franja electoral, no ha sido la más vista. La actual versión de la franja política ha tenido un promedio de 43,8 puntos de rating -lo que refiere niveles de audiencia más que aceptables-, pero en la práctica éste es un registro de casi siete puntos menos que lo que marco la franja de primarias de 2013 entre la Nueva Mayoría y la Alianza. Por tanto, el éxito en rating se debe relativizar. Podemos mencionar dos razones. En primer término la franja tiene efectos sobre un segmento de público objetivo: los que ven televisión abierta, esto es mujeres (46%), mayores de 55 o más años (44%), de nivel socioeconómico medio (43%) y alto (42%) de la Región Metropolitana (45%). En segundo lugar, son un púbico cautivo: la franja está dentro del tren programático de cada canal con una entrega con alta sintonía (teleseries) y posteriormente el mismo público queda enganchando con las noticias. Es la práctica son un programa más.

Sin embargo, ya la encuesta Cadem-Plaza Pública del 19 de junio señaló que solo un 40% de los encuestados afirma haber visto la franja electoral, cifra consistente con los 44 puntos de rating reportados por Anatel. Pero un 42% declara tener poco o nada de interés en estas elecciones. Si analizamos otros públicos objetivos, especialmente los que interactúan en el territorio digital, observamos que el interés es la franja ha ido decayendo conforme pasan los días. Como muestra el siguiente grafico del Observatorio Política y Redes Sociales de la Universidad Central, cuando se colocan como criterios de búsqueda los hashtag: “#FranjaElectoral”; “#FranjaElctoral”; “#FranjaElectoral2017” “#FranjaPrimarias” se observa una caída en las interacciones diarias en twitter.

De este modo, los datos muestran que conforme pasan los días, decae la novedad y el interés por informarse sobre las propuestas de los candidatos en competencia tanto través de la televisión como de las redes sociales. Este dato da cuenta de la creciente volatilidad de los electores y también probablemente de un comportamiento electoral cada vez más contingente e intermitente. De ahí el esfuerzo de todos los comandos en disputa por movilizar a militantes e independientes a votar el 2 de julio habida cuenta del efecto acotado de la franja en revertir los factores señalados.

El segundo punto tiene relación con el efecto político electoral de quienes no están en la franja de primarias en especial, de la Nueva Mayoría y la DC. En relación con lo anterior, creemos que se ha sobredimensionado el peso que pueda tener la franja política en el resultado electoral. El objetivo de esta son las elecciones primarias para elegir abanderado presidencial en los bloques. Si bien también hay disputa en el tema parlamentario este aparece invisibilizado. Por tanto, el efecto que pueda tener el resultado final sobre el electorado que participará el 19 de noviembre no está determinado por lo que ocurra el domingo 2 de julio. Goic y Guillier pueden apostar todavía a la novedad y a las expectativas que serán más difícil de mantener e implicara un esfuerzo adicional de discurso y creatividad para quienes resulten ganador en Chile Vamos y en el Frente Amplio respectivamente. Lo cierto es que los que ven la franja no están tomado decisión respecto de por quién votar en noviembre. Esa elección aún ésta abierta y, sobre ella la franja política de primarias no tendrá efectos.

Lo anterior, es así porque la franja política por sí sola no tiene la capacidad de revertir el actual proceso de desafección en curso cuyas causas son más profundas. En segundo término, porque en la medida que la participación se debilita y aumenta la indiferencia, cabe esperar que los ciudadanos que sigan participando sean cada vez más volátiles, más inseguros y aleatorios en la expresión de sus preferencias. Si ya no dependen tantas cosas de la política, entonces es lógico esperar que se debilite no solo la voluntad de votar sino también el compromiso con un partido o candidato. La lectura que se debe hacer aquí es que la inconstancia irá de la mano de la indiferencia. Las opciones probablemente serán más volubles y más susceptibles de basarse en factores cortoplacistas y estas aparecerán cada vez más próximas al momento de la votación. Lo que observamos es que los electorados se están desestructurando progresivamente, lo que deja a los medios de comunicación más espacios para fijar agendas -por tanto es más relevante estar en las noticias que en la franja-, lo que exigirá un esfuerzo electoral mucho mayor a partidos y candidatos.


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