Crédito: Agencia Uno
Popularidad o capacidad de gobierno, esa es la cuestión

Popularidad o capacidad de gobierno, esa es la cuestión

La centralidad de la conversación política volvió a situarse en torno al tema presidencial. La discusión que ocupa hoy el interés de los análisis tiene que ver con la pregunta acerca de ¿qué tipo de liderazgo requiere el país para enfrentar los crecientes desafíos del nuevo proceso de gobernar?

Varios son los aprontes acerca del eje sobre el que se articulará la discusión sobre atributos presidenciales de cara a las elecciones del próximo año. Algunos hablan del clivaje entre continuidad y cambio, otros se refieren a la cuestión etaria, entre los viejos y nuevos liderazgos o entre la vieja política y los liderazgos jóvenes. Por último, el ex Presidente Lagos ha terciado en el debate colocando el foco en la necesidad de un liderazgo que se haga cargo del déficit estratégico de la política.

Este ejercicio, sin embargo, ha estado interferido por los resultados y proyecciones de las encuestas de opinión pública, desde cuya lectura interesada buscan instalar la percepción acerca que el tipo de liderazgo que se precisa es uno que cuente con mayores niveles de proximidad o cercanía, leída en clave de popularidad y legitimidad ciudadana.

"Se pretende volver a ofrecer como remedio para enfrentar nuestros males políticos la receta de la democracia de proximidad, medida por la popularidad"

En línea con lo anterior y en un contexto de crisis de confianza en la política y las instituciones democráticas, se pretende volver a ofrecer como remedio para enfrentar nuestros males políticos la receta de la democracia de proximidad, medida por la popularidad. Así, la cercanía, real o simulada, es invocada contra el mal político absoluto, que es la distancia. De esta forma buena parte de las estrategias para hacer frente a la desafección se traducen en acercar la política y los políticos a la ciudadanía.

Pero la actual crisis no puede resolverse solo simulando una mayor proximidad democrática o cercanía hacia la sociedad solo medida a partir de la opinión pública encuestada. Todas las estrategias de aproximación pueden ser convenientes, incluso imprescindibles, pero lo que deberíamos entender es que estamos ante una trasformación de la política. Esta requiere primero entenderse adecuadamente y luego traducirse en adecuados procedimientos de gobierno.

A la base de lo anterior está el desafío clave de hacer una lectura adecuada primero acerca del más de 65% de ciudadanos que no concurrió a votar en las pasadas elecciones municipales y, en segundo lugar, de los que se encuentran desafectados de la política.

En nuestra opinión lo que estaría en crisis es el actual estilo de hacer política. Lo que observamos es una gran decepción de los ciudadanos con los resultados de los gobiernos, lo que genera una bajísima credibilidad y una baja credibilidad no puede dar resultados. Lo que la gente espera es que le solucionan sus problemas, para eso elige a un gobierno. Lo que importa de un gobierno son sus resultados. Los resultados que la gente ilusiona, a pesar su frustración reiterada con la política y los políticos. Resultados en la palabra que encumbra o hunde a un gobierno.

Si este es el diagnóstico, entonces más que sólo una solución de proximidad o popularidad lo que debemos enfrenar es el problema de déficit y capacidad de gobierno. Elevar la capacidad de gobierno requiere actuar sobre la pericia de los gobernantes y de las instituciones, sobre sus sistemas de trabajo -especialmente los sistemas de alta dirección- y sobre el diseño organizativo. Los gobiernos fracasarían no tanto por el contenido de sus propuestas, sino por la debilidad de las herramientas de gobierno que dominan. Es el estilo de gobierno el que está en crisis.

"Más que sólo una solución de proximidad o popularidad lo que debemos enfrenar es el problema de déficit y capacidad de gobierno"

Si este es el desafío, entonces la única manera de equilibrar esta situación es volver a poner en el centro de nuestras reflexiones la idea de gobierno y, sobre todo, pensar más en qué pueden “hacer” los gobiernos y menos en lo que pueden “prometer”

De este modo el eje de la próxima elección presidencial se articulará no sobre el binomio proximidad/popularidad sino que sobre el tema de la capacidad de gobierno. El problema por tanto ya no será únicamente de legitimidad política -leída en clave de ciudadana- del gobernante, sino del rendimiento social de sus decisiones, de la conformación de equipos, de su capacidad y eficacia para resolver problemas. La cuestión estará necesariamente centrada en la eficacia directiva del gobernante más que en su popularidad o proximidad.


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