Encuestas y sesgo

Encuestas y sesgo

Se ha reinstalado el debate sobre la credibilidad y capacidad de predicción de las encuestas. Ese debate ha estado dado por los tamaños de la muestra, el tipo de muestra, el fraseo de las preguntas, el orden del cuestionario, la fecha del terreno, entre muchas otras. Siendo una discusión legítima, en esta columna me concentraré en la capacidad de pronóstico de las encuestas y, en particular, en lo que sucedió con la medición del CEP en el último estudio antes de las elecciones presidenciales de 2013.

Hay varias formas de calcular la capacidad predictiva de una encuesta. Para algunos, basta con que se muestre la intención de voto en el total de la muestra. Es decir, asumiendo que participará el 100% de los electores. Para otros, ese cálculo debe corregirse descontando a quienes no marcan preferencia. De igual forma, existen quienes sostienen- muy razonablemente- que esos resultados también deben ser filtrados según las personas que irán a votar. Tratando de hacer este ejercicio con la encuesta pre-electoral del CEP en 2013, los resultados varían sustantivamente. La tabla 1 muestra que Bachelet aparecía con un 48.8% en el resultado general de la encuesta. Es decir, tomando como base a todos sus entrevistados, lo que asume como supuesto que votaría el 100% de los encuestados. Más abajo figuraba Matthei con un 13.3%, Parisi con un 7.7% y Me-O con un 6.4%. Estos resultados cambian con los otros dos cálculos. Es decir, descontando a quienes no marcan preferencia, y luego filtrando sólo por quienes declaran estar totalmente seguros de ir a votar. En ambos cálculos Bachelet alcanza casi el 62%, en circunstancias de que en esa elección logró un 46.7%. En el caso de Matthei, su valor máximo lo obtiene entre quienes declaran ir a votar, bordeando el 20%, aunque su resultado final fue de 25%. Me-O y Parisi figuran con una intención de voto de 6.9% y 8.1% en la columna que sólo considera a quienes votan, siendo el resultado final de 10.1% y 11%.

El CEP, por tanto, pronosticó que Bachelet ganaría cómodamente en primera vuelta. Incluso estaba cerca de conseguirlo de acuerdo a los datos totales. Es decir, asumiendo que votaría el 100%. Sin embargo, la CEP estuvo muy lejos del resultado de la elección. Parte de la falla puede atribuirse a que algunos encuestados sub-declararon su preferencia por Matthei debido a sus escasísimas posibilidades de triunfo. También pudo suceder lo contrario con Bachelet. Dado que era la alternativa ganadora, entonces todos querían subirse al carro de la victoria. Es más. Presumiblemente, varios bacheletistas decidieron no salir a votar debido a que el triunfo de la candidata era algo seguro. La evidencia agregada a nivel comunal acompaña esta hipótesis, pues la participación electoral en 2013 descendió más violentamente en los segmentos urbano-populares de la capital, justo donde Bachelet tenía bases de apoyo cautivas. Entonces, no es que el CEP haya hecho una mala encuesta o que su terreno estuviese viciado. La elección de 2013 era la más difícil de pronosticar en  un escenario de voto voluntario. Y por difícil no me refiero a la identificación del ganador, sino que a los porcentajes de cada candidato. Algo similar, aunque a menor escala, es lo que podría suceder en 2017 producto del favoritismo de Piñera. Si bien su imagen de triunfo es 20 puntos menos que Bachelet en 2013, igual se podría enfrentar a un problema similar. 

Finalmente, muestro una alternativa de medición que ayuda a corregir algunos sesgos naturales de las encuestas para mejorar los pronósticos. Es algo similar a lo que realiza Kenneth Bunker en su sitio “tres quintos”. Para esto me baso en un reciente artículo publicado por Carolina Segovia y que se titula “La precisión de las encuestas en la elección presidencial de 2013: evaluación y lecciones a futuro”. Este artículo aparece en el libro editado por Mauricio Morales, Patricio Navia y Carolina Garrido y que se titula “El tsunami electoral de 2013 en Chile”. En la página 94 de ese texto, Carolina Segovia muestra una tabla donde figuran los resultados de algunas encuestas de opinión. Lo que hice fue sólo promediar las estimaciones de esas encuestas y compararlas con el resultado de aquellos comicios. 

Como se advierte en el gráfico 1, el promedio de las estimaciones es muy parecido al resultado final de la elección. Hay que reconocer, eso sí, la enorme variación de esas estimaciones. Por ejemplo, las encuestas de IPSOS le daban a Bachelet en torno al 37%, mientras que a Matthei cerca del 25% (cifra que finalmente obtuvo). Como acabamos de ver, el CEP le daba un 62% a Bachelet y sólo un 20% a Matthei. Al promediar todos los sesgos posibles de las encuestas pre-electorales de 2013, llegamos a una estimación final muy similar al resultado de la elección. Queda por verse si este mecanismo también será útil para predecir el resultado de los comicios de 2017.


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