Polarización y participación: la presidencial 2017
Opinión
Mauricio Morales Mauricio Morales
Cientista político

Polarización y participación: la presidencial 2017

Hace pocos días el CEP liberó la base de datos de su última encuesta. Si bien el CEP ya no es el oráculo que pronosticó con notable exactitud las elecciones presidenciales bajo el voto obligatorio, de todas formas es una de las encuestas más reconocidas no sólo en Chile sino que también en América Latina. Por tanto, a pesar de los errores en la predicción para la presidencial 2013, el CEP sigue siendo una fuente válida para recolectar información sobre las percepciones y predisposiciones de los chilenos.

En esta columna examino dos dimensiones de la próxima elección presidencial. Por un lado, las bases electorales de los candidatos presidenciales según la autoidentificación ideológica de sus votantes. Es decir, si se ubican a la izquierda, centro o derecha del eje ideológico. Por otro lado, la predisposición a votar de los electores de cada candidato. Un votante puede inclinarse por alguno de los candidatos en competencia y, al mismo tiempo, mostrar una escasa probabilidad de asistir a votar. Esto podría acentuarse en el contexto de una elección escasamente competitiva. Los votantes de un candidato que aparece sin mayores opciones, bien podrían preferir quedarse en casa en lugar de darse el trabajo de ir a votar. 

Respecto a la primera dimensión, casi un 70% de los chilenos se posiciona en alguno de los peldaños de la escala ideológica que va de 1 (muy de izquierda) a 10 (muy de derecha). Llevando ese 70% a base 100, los electores de centro- que suman los casilleros 5 y 6- totalizan un 48.5%, los de izquierda un 29.1% y los de derecha un 22.4%. De acuerdo a estas cifras, lo esperable sería una fuerte disputa de los candidatos por avanzar hacia votantes de centro. Sin embargo, los datos apuntan en una dirección distinta. Mientras los electores de Guillier promedian un valor de 4 en la escala ideológica (más cargados hacia la izquierda), los de Piñera lo hacen en un 6.6 (más cargados hacia la derecha). Ambos candidatos representan los extremos. Bajo la institución del voto voluntario estos resultados son comprensibles. La expectativa es que voten los ciudadanos más intensos ideológicamente. Por tanto, los candidatos elaborarán un mensaje que logre cautivar a esos electores con mayor claridad programática. Resulta más costoso y difícil avanzar hacia electores moderados o de centro que se caracterizan por posturas más ambivalentes y que, además, muestran menor disposición para ir a votar. 

En la presidencial 2013- de acuerdo a los datos de la CEP de octubre de ese año- Bachelet promedió 4.3 y Matthei 7.4. Si bien las diferencias son marginales entre Bachelet y Guillier, y entre Matthei y Piñera, queda la sensación de que Piñera ha sido más hábil en conquistar a electores moderados en comparación con Matthei, y que Guillier ha sido menos exitoso que Bachelet en asegurar la votación de izquierda. Tanto así, que la propia Beatriz Sánchez- perteneciente a una coalición genuinamente de izquierda- está casi al mismo nivel que Guillier e incluso que Goic con un promedio de 4.2 (ver gráfico 1).  

Respecto a la segunda dimensión- participación- la encuesta muestra importantes variaciones en comparación con las elecciones de 2013. Subrayo que para este ejercicio utilicé los datos de la encuesta CEP de octubre de 2013 pues la medición de agosto de ese año no incluye la pregunta del eje ideológico en la escala 1 a 10. Los datos muestran que mientras los electores de izquierda y de derecha señalaban en un 66% que estaban seguros de ir a votar, los de centro marcaban un 52.4%. Esto va en línea con lo señalado respecto a la polarización que genera el voto voluntario. Para 2017 las cifras cambian. Mientras los electores de izquierda no llegan al 50% de seguridad de ir a votar, los de derecha se empinan por sobre el 58%. Los de centro, en tanto, bajan significativamente a sólo un 36%, porcentaje muy similar al registrado para quienes no se identifican con ningún peldaño de la escala ideológica (ver gráfico 2). Muy probablemente estos valoren aumenten en la próxima medición del CEP, aunque sospecho que la tendencia no variará significativamente. 

Grafico2

Al hacer el mismo ejercicio pero ahora tomando como base la preferencia electoral de los votantes, son los partidarios de Goic y Sánchez quienes muestran los mayores niveles de seguridad para ir a votar en noviembre. Lo contrario sucede con las candidaturas de Guillier y ME-O que se estacionan por debajo del promedio general (ver gráfico 3). Como señalé más arriba, Guillier ha sido menos exitoso que Bachelet en “sacar a votar” a los electores de izquierda. Por más que su candidatura reciba mayor adhesión de este grupo, el gran problema para el candidato es que la predisposición a votar por él no se ha transformado aún en conducta electoral. Quedan poco más de dos meses de campaña, por lo que la tarea central de Guillier será mostrarse como el “seguro segundo” y, luego, como el más competitivo frente a Piñera en una eventual segunda vuelta. 

Todos estos antecedentes permiten llegar a las siguientes conclusiones. Primero, que la candidatura aparentemente más competitiva de la centro-izquierda está bloqueada hacia el centro. Segundo, que la candidatura de centro-derecha parece representar mejor a los votantes moderados o, al menos, de manera más efectiva en comparación con 2013. Tercero, que el ánimo de participación electoral está muy deprimido en los votantes de izquierda y especialmente en los de centro en comparación con los de derecha. Estos últimos tienen casi la misma predisposición a votar que en 2013, elecciones donde su candidata iba a la derrota segura. Cuarto, que en un escenario de segunda vuelta entre Piñera y cualquiera de los candidatos de centro-izquierda que avance, la participación debiera ser menor, a no ser que las mismas encuestas anticipen un resultado estrecho. Quinto, que el compromiso cívico de participación electoral está mucho más afincado en electores de derecha que en electores de centro-izquierda independiente del grado de competencia electoral entre los candidatos.