Crédito: Agencia Uno
Dictan procesamientos en caso de fraude a la ley reservada del cobre en el Ejército

¿Armamento o diplomacia?

Todos, absolutamente todos los gobiernos posteriores al término de la dictadura militar, le han sacado el cuerpo a la derogación de la ley reservada del cobre. Es cierto que en el primer gobierno de Bachelet hubo un intento en tal sentido, luego otro en el de Sebastián Piñera, pero ninguno tuvo la voluntad de llegar hasta el final.

"Una ley reservada es ya una flagrante anomalía en una democracia, como también lo es que una gran cantidad de recursos se entreguen a las fuerzas armadas de manera automática"

La manera cómo los gobiernos tienen de llegar hasta el final con sus iniciativas de ley es a través de las urgencias, de manera que cuando el Ejecutivo presenta un proyecto y lo deja luego sin ningún tipo de urgencia, lo que se puede concluir es que de verdad la iniciativa le interesa poco o nada y que es mejor que quede sin verse por las respectivas comisiones de ambas cámaras y ni qué decir por la sala de una y otra. Como quien dice, solo un saludo a la bandera. De manera que cuando el senador Allamand se ufana de haber presentado un proyecto de ley en esta materia cuando era Ministro de Defensa de Piñera, lo que tendría que explicar es por qué el gobierno del cual formaba parte se olvidó de ponerle urgencia. En cuanto al actual gobierno, ya sabemos que no pasará nada, puesto que el Ministro de Hacienda, como ha sido la regla desde 1990 en adelante, dijo ya la última palabra: la derogación de la ley reservada del cobre no es prioridad. Cuando más dejará de ser una ley secreta -vaya progreso-, pero no vamos a tener una discusión sobre el fondo del asunto, ni siquiera bajo el estímulo de las defraudaciones habidas al interior del Ejército en el uso de los enormes y mal controlados recursos que produce la actual legislación.

Una ley reservada es ya una flagrante anomalía en una democracia, como también lo es que una gran cantidad de recursos se entreguen a las fuerzas armadas de manera automática, sin discusión pública ni parlamentaria, calculando los montos sobre la base de lo que Codelco vende y no de lo que Codelco gana. Es el 10% de las ventas de Codelco lo que va a parar a las fuerzas armadas, independientemente del precio que tenga el metal y de las utilidades o falta de estas que consiga la empresa. Tanto es así que, llegando ya al extremo del absurdo, Codelco tendrá ahora que pedir un préstamo para cumplir su compromiso con las fuerzas armadas, mientras por otro lado el gobierno anuncia la entrega de recursos a la empresa con fines de “capitalización”.

"Los políticos que llegan a hacerse cargo del Ministerio de Defensa (...) se dulcifican en extremo con los comandantes en jefe, adoptan con gran facilidad paso y hasta postura corporal militares, mimetizándose con su entorno, y parecen antes voceros de los jefes militares que de las autoridades civiles del país"

Cosas que pasan en Chile, solo en Chile -estas sí-, porque no se conoce ningún otro país del planeta que asigne cuantiosos recursos a las fuerzas armadas por medio de un gravamen a la actividad de la principal de sus empresas públicas. Se trata, claro está, de una rémora de la dictadura, puesto que si bien la famosa ley rige desde 1958, lo cierto es que, en otra de las muchas muestras de condescendencia con las fuerzas armadas que hemos visto desde 1990 en adelante, de lo que se trata es de no tener conflictos con nuestros institutos armados. Muchas decisiones legislativas y de gobierno desde ese año hasta ahora, tanto si se tomaron como si se frenaron, encuentran su explicación en que los gobiernos  y el parlamento han hecho su trabajo mirándole la cara a las fuerzas armadas.

A veces se me ocurre pensar también que comprar más y más armamento podría ser la manera que tiene nuestro país de suplir su mala política exterior con los países vecinos. El déficit de diplomacia se suple con armas y el Ministerio de Defensa pasa a ser más relevante que el de Relaciones Exteriores en cuanto a la relación con los países limítrofes. Una apreciación que se refuerza si uno piensa en la rara transformación que sufren los políticos que llegan a hacerse cargo del Ministerio de Defensa, y eso de lado y lado del espectro político. Se dulcifican en extremo con los comandantes en jefe, adoptan con gran facilidad paso y hasta postura corporal militares, mimetizándose con su entorno, y parecen antes voceros de los jefes militares que de las autoridades civiles del país. La máxima tontería se produce cuando alguno de esos ministros recuerda que a los 16 años pasó un año en la Escuela Militar y declara por ello sentirse parte de la gran familia militar. Entonces se viste de campaña, se sube a un jeep de combate y declara que conoce muy bien el mundo de las fuerzas armadas gracias a su trayectoria en una de sus instituciones. En la región en que yo vivo -Valparaíso- es muy frecuente que un muchacho que estuvo apenas un semestre en la Escuela Naval llegue a sentirse con el paso de los años un auténtico lobo de mar.

"No se conoce ningún otro país del planeta que asigne cuantiosos recursos a las fuerzas armadas por medio de un gravamen a la actividad de la principal de sus empresas públicas"

En fin, está también la cuestión del dinero, cómo no. Los ministros de Hacienda están felices con la ley reservada del cobre, puesto que los recursos que en aplicación de esta se van acumulando a favor de las fuerzas armadas quedan empozados en instrumentos financieros y eso les permite cuidar lo único que les interesa, que desde luego no es la justicia, sino los equilibrios macroeconómicos. Para eso se hace  economía, ya lo sabemos, para cuidar equilibrios y no para el bienestar de los ciudadanos.


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