Michael Sandel participó del Congreso del Futuro

El palco de la riqueza

El filósofo norteamericano Michael Sandel estuvo en el reciente Congreso del Futuro. Habló de desigualdad, la palabra que designa un fenómeno que todos dicen rechazar, aunque cuando se habla en positivo- es decir, a favor de la igualdad-, una buena parte se pone inmediatamente  contra la pared. Cuando la palabra “igualdad” se entiende mal, no como lo opuesto a “desigualdad”, sino como lo contrario a “diversidad”, es natural que intimide y nos  ponga en guardia contra quienes entonan el canto  igualitario. La diversidad –de caracteres, de creencias, de ideas, de preferencias, de  modos de vida- es una realidad en cualquier sociedad abierta y democrática de nuestros días, una feliz realidad, y nadie en su sano juicio estaría dispuesto a renunciar a ella. La diversidad  es hija de la libertad y de la autonomía de las personas  para formar sus propios puntos de vista en todos los ámbitos de la existencia y para llevar la vida que quieran, sin más límite que el daño que puedan ocasionar a los demás. Por lo mismo, la diversidad, o, si se prefiere, la pluralidad, demanda el pluralismo, es decir, aquella actitud o disposición que consiste en ver la pluralidad como un bien, no como un mal y ni siquiera como una amenaza. Y antes de llegar al pluralismo, la virtud de la tolerancia nos hace convivir en paz con quienes son, piensan o viven de maneras diferentes a la nuestra.

Pero ya está dicho: “igualdad” se opone a “desigualdad”, no a “diversidad” o “pluralidad”, de manera que luchar contra la desigualdad es hacerlo a favor de la igualdad. Otra cosa es que, debido a la habitualidad del malentendido antes señalado, los partidarios de la igualdad –y contrarios por tanto a la desigualdad- prefieran evitar la primera de esas palabras y decir que lo que hacen es luchar contra la segunda. Esto último –luchar contra la desigualdad- nos parece bien a todos, mientras que oír que se lo hace a favor de la igualdad  atemoriza a quienes creen que lo que se quiere es acabar con la diversidad.

"'Igualdad' se opone a 'desigualdad', no a 'diversidad' o 'pluralidad', de manera que luchar contra la desigualdad es hacerlo a favor de la igualdad. Otra cosa es que, debido a la habitualidad del malentendido antes señalado, los partidarios de la igualdad –y contrarios por tanto a la desigualdad- prefieran evitar la primera de esas palabras y decir que lo que hacen es luchar contra la segunda"

Por otra parte, es preciso recordar que hemos llegado a ser iguales en varios aspectos muy relevantes para la existencia individual y para la vida común. Todos los individuos iguales en dignidad y en la consideración y respeto que se merecen; iguales en la titularidad de los llamados derechos fundamentales de la persona humana; iguales en la capacidad para adquirir y ejercer otros tipos de derechos; iguales ante la ley; e iguales en nuestros derechos políticos. No es poco, ¿no? Igualdades que ha sido preciso conquistar a lo largo de la historia y hasta arrebatárselas a quienes las negaban a favor de sus privilegios.

Sandel habló aquí de la desigualdad en las condiciones de vida de las personas, del 1% que en su país disfruta de la misma riqueza que tiene el 99% restante, y no lo hizo en nombre del indeseable principio igualitarista de la igualdad de todos en todo, sino en el del justo principio de la igualdad de todos en algo, algo que no puede ser otra cosa que el acceso a  los bienes básicos necesarios  para llevar una vida digna, bienes como la atención sanitaria, la educación, la vivienda, y una previsión oportuna y justa.

"Hay muchos palcos, y no solo donde se juega beisbol en los que se refugia el 1% . Hay países palcos, ciudades palcos, barrios palco. Tantos palcos que Sandel habló de una suerte de “palconización” de la riqueza en el mundo contemporáneo."

El pensador norteamericano recordó que cuando era niño e iba a los partidos de beisbol, la entrada más barata costaba 2 dólares y la más cara 4, de manera que un mismo recinto se sentaban personas de muy diferentes ingresos. Hoy, en cambio, los que pueden pagar más compran palcos en los estadios y se instalan allá arriba, muy lejos de la plebe, y se sientan en cómodos sillones a beber whisky mientras siguen las alternativas del juego. Puestas las cosas de otra manera, hay unos pocos que comen torta y muchos que no pueden comer pan, o que comen únicamente pan durante varias generaciones y  solo saben de las tortas porque las observan a través de las vidrieras de las pastelerías.

Hay muchos palcos, y no solo donde se juega beisbol, en los que se refugia el 1% . Hay países palcos, ciudades palcos, barrios palco. Tantos palcos que Sandel habló de una suerte de “palconización” de la riqueza en el mundo contemporáneo.

Sandel no es un socialista, sino un comunitarista, aunque me imagino que para el pensamiento político y económico de la derecha chilena se trata de un enemigo de la libertad y un peligroso igualitarista.

 


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