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En marcha hacia el colapso

En marcha hacia el colapso

Todos decimos preferir la democracia como forma de gobierno, aunque no siempre tenemos una idea muy precisa de ella y de las reglas que establece tanto para acceder al poder político como para ejercerlo, conservarlo, incrementarlo y recuperarlo. Lo que solemos tener es una idea más bien vaga acerca de que la democracia se relaciona con elecciones periódicas, representantes del pueblo y participación. Sabemos mejor, en todo caso, cuán distinta es ella de la forma de gobierno que se le opone -la dictadura-, porque hemos tenido experiencia directa, prolongada y más o menos reciente de lo que significa ser gobernados por uno solo -ese sin cuyo conocimiento no se movía una hoja- o de serlo por una casta militar, política o religiosa cualquiera. En consecuencia, nos haría bien mejorar nuestro conocimiento de la democracia -de su historia, de sus principios, de sus reglas-, así no más sea porque costó mucho recuperarla, porque costó también lo suyo despojarla del mañoso carácter protegido que le otorgó la Constitución de 1980 y porque nos encontramos en proceso de definir una nueva Constitución que sea democrática tanto en su origen como en sus contenidos. Otra buena razón para ocuparse de la democracia es que, conociendo más acerca de esta, conseguiremos saber qué podemos esperar de ella como forma de gobierno y, a la vez, qué demandas que a veces le dirigimos sobrepasan sus posibilidades y promesas.

"En la era en que vivimos, la desinformación sobre asuntos públicos de importancia es responsabilidad exclusiva y directa de quienes nos quejamos de ella"

La verdad, sin embargo, es que no nos damos tiempo para informarnos cerca de la democracia, no obstante las varias horas del día que podemos pasar frente a una pantalla que permite acceder fácilmente a abundante información sobre el particular. Resultó desconcertante comprobar cómo la mayoría de los chilenos, según encuestas confiables sobre el particular, ignorábamos qué es una Constitución al momento de anunciarse el actual proceso constituyente. “No nos han informado”, solemos protestar, en circunstancias de que la información está al alcance de la mano con solo pulsar unas cuantas teclas del computador que tenemos en casa o que llevamos incluso en el bolsillo, el mismo que utilizamos a cada rato para recibir y transmitir información tan banal como puede ser el plato que estamos comiendo, fotografía incluida. En la era en que vivimos, la desinformación sobre asuntos públicos de importancia es responsabilidad exclusiva y directa de quienes nos quejamos de ella.

Giovanni Sartori fue un muy estimable politólogo italiano que murió hace un par de semanas a la buena edad de 92 años. Muy pocos saben de él, exceptuados quienes estudian o enseñan teoría política, y nada de extraño hay en eso. Sartori fue conocido solo por sus colegas, por los expertos en el tipo de asuntos de los que se ocupó a lo largo de su vida, entre otros la sustitución del “homo sapiens” por el “homo videns”. Exageró en esto último Sartori, algo confundido por la excesiva atención que el hombre contemporáneo presta a toda clase de pantallas. En este sentido, como en su hora pasó con la televisión, las cosas acabarán equilibrándose por sí solas, según lo muestra ya una cierta tendencia a salirse de las redes o, cuando menos, a utilizarlas de manera más lúcida y selectiva. En pocos años más, los actuales clubes de tuiteros van a parecer unos auténticos zopencos.

"En pocos años más, los actuales clubes de tuiteros van a parecer unos auténticos zopencos"

Sartori escribió un muy buen libro sobre la democracia -“Teoría de la democracia”- y vale la pena buscarlo y prestarle atención si queremos saber mejor en qué consiste esa forma de gobierno y cómo podríamos inmunizarnos contra quienes la deforman en democracia protegida, real, orgánica, popular o -ya en el colmo de la desfachatez- democracia autoritaria. Cada vez que usted vea un adjetivo como esos pegados a la palabra “democracia”, arranque a perderse porque alguien está vaciando de contenido al sustantivo.

Sartori estuvo también en los medios. Escribió columnas de opinión y grabó para la televisión una serie de mini programas destinados a explicar de qué hablamos cuando hablamos de democracia. El último libro suyo que conozco tiene un título escasamente optimista -“La carrera hacia ninguna parte”-, pero se trata de una obra breve, aguda, liberal, fresca, divertida. Su autor dejó dicho que pudo llamarse también “En marcha hacia el colapso”, y no faltan indicios a nivel planetario que justifiquen tamaño pesimismo.


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