Crédito: Agencia Uno
Alfredo Moreno

Etica empresarial: algo más que una cortina de humo

Alfredo Moreno, nuevo Presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, ha declarado que una de sus preocupaciones principales será la ética empresarial, es decir, el estímulo a las buenas prácticas del sector y el rechazo y sanción de las incorrectas. Se trata de un buen inicio de su gestión, puesto que los problemas que el empresariado chileno tiene hoy con el público no es uno de tipo comunicacional -como a veces se quiere creer para bajarles el perfil-, que pudiera resolverse con un buen asesor de relaciones públicas. Por tanto, y a diferencia de lo que suelen hacer todos los gobiernos, de cualquier tipo que sean, que presentan como meramente comunicacionales aquellos problemas que los apartan de la opinión pública o les granjean la oposición de esta, el empresariado nacional  haría bien en ocuparse del fondo del asunto, o sea,  de las reales y justificadas causas de la pérdida de confianza por parte del público, sin contarse el cuento de que todo lo que tiene es un problema de imagen causado por diarios electrónicos, columnistas y líderes de opinión que no simpatizan con ellos.

Todos los empresarios -grandes, medianos y pequeños- trabajan con el objetivo principal, si no único, de maximizar su propio beneficio, de obtener ganancias que superen en la mayor medida posible las  inversiones y el trabajo que les significa la gestión de estas. Nada objetable hay en ello si para hacerlo cumplen estrictamente con el derecho, es decir, con las leyes y reglamentos del respectivo sector de sus negocios, y, asimismo, con los criterios y pautas éticas que también regulan su acción. Para nadie es un misterio que la mayoría de las ocupaciones y oficios, además del derecho que las rige, adoptan pautas éticas de conducta, y es así como existe una ética médica, una ética judicial, una ética del abogado, una ética periodística, con la particularidad de que esas pautas sectoriales no les son impuestas desde afuera a cada uno de tales colectivos, sino consagradas internamente por cada uno de ellos.

Sin embargo, políticos y empresarios parecen estar siempre a la zaga en tal sentido, quizás porque luchan por bienes muy duros, en un caso el poder y en el otro el dinero, bienes cuya búsqueda se resiste más que en otros casos a que la ética entre en sus respectivos territorios. Tanto es así que cuando un político o un empresario empiezan a hablar de ética, la mayoría de las personas entra en sospechas y piensa que se trata solo de una cortina de humo que tienden sobre un escenario en el que tras bambalinas continuarán las pillerías de siempre.

La Confederación de la Producción y el Comercio cuenta con un “Marco Ético del Empresariado Chileno”, pero se trata de un texto demasiado breve, vago, general, casi como si se lo hubiera adoptado a modo de un mero compromiso, y que incluye declaraciones tan grandilocuentes e inexactas como que el principal valor del sector es “la perfección del hombre y el bien común”. Se trata de la típica declaración desproporcionada y retórica que desacredita cualquier código de ética. Impulsado por  su nuevo Presidente, la Confederación podría ahora revisar ese Marco, mejorarlo, e incentivar a cada una de sus asociaciones -de agricultura, de minería, de comercio, de la construcción, de bancos- para que estudien y adopten sus propios marcos éticos o revisen críticamente los que ya pudieran tener. Marcos que contemplen los criterios y pautas a seguir y que también lo hagan con las instancias a cargo del control, juzgamiento y sanción de las malas prácticas, sin las cuales aquellos criterios y pautas serán siempre letra muerta escrita en un papel. Todos nos portamos mejor cuando nos están mirando, y eso vale también para el mundo de la empresa.

Es cierto que un mejor comportamiento del empresariado chileno no pasa solo por códigos de ética. Se necesita, sobre todo, una mayor educación de los empresarios en lo que se llama responsabilidad social de la empresa y, asimismo, mayor conciencia de la lealtad que deben tener con sus trabajadores, con los usuarios, con los clientes, así no más sea porque en tal caso su conducta redundará en mayor prestigio para ellos y, consecuencialmente, en una mayor y más estable preferencia por parte de los usuarios.


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